FAMILIA EDUCADORA (III)

PARAR LA MAQUINARIA DEL EGO-CARÁCTER PARA PODER EDUCAR EN EL AMOR

Estamos de acuerdo que lo más importante respecto a la educación en el campo afectivo, es la necesidad que tenemos de desarrollar la capacidad de amar. Hoy, ningún médico duda que la salud es inseparable de la capacidad de amarse a sí mismo y amar a los otros. Por eso tenemos necesidad de una pedagogía del amor y aprender a aplicarla en un entorno educativo sano. Sabemos que aparte de la necesidad de proporcionar calor, comprensión y seguridad psicológica, es necesario ocuparse adecuadamente de la ambivalencia infantil con que crece la gran mayoría de la gente en nuestra sociedad como resultado inevitable de haber vivido unas relaciones familiares poco maduras, debido al ego-carácter que los padres proyectan inevitablemente en los hijos, si no son conscientes de ello. Los hijos, a su vez, ya en la primera infancia, desarrollan su propio ego-carácter.

Cuando Juan Pablo II habló en París en la Unesco, hizo una distinción entre “adiestramiento” para tener y “enseñanza” para ser, y no únicamente como ser, sino como “ser con los otros” y “ser para los otros”.

El psiquiatra escocés R.D. Laing anota en el inicio de su Coloquio con los hijos que: “los hijos desempeñan un rol importante en el “crecimiento y desarrollo” del adulto, como nosotros adultos lo desempeñamos en el suyo”.

Ahora bien, para que el amor sea el elemento educador de las relaciones familiares necesitamos aprender a “parar la maquinaria” de nuestro ego-carácter, empezando por los padres.

Es indudable que el amor existe entre padres e hijos, sin embargo no es tan claro que todos tengan conciencia de cuán a menudo el amor brilla por su ausencia cuando es el ego-carácter quien toma el mando en la relación familiar.

Dado que el ego-carácter reacciona en base a los apegos, forma parte de una polari­dad en la que amor y desapego son el otro polo. Parar la maquinaria del ego-carácter equivale a buscar el desapego cultivando el genuino amor que sólo puede emanar del abandono de sí (Frankl lo llama “distanciarse de sí”) y la entrega (“autotrascenderse”). Y también a la inversa, no hay mejor me­dio de alcanzar el desapego que a través del amor.

Toda esta reflexión nos lleva al ego-carácter. Conocer el ego-carácter es el primer paso para parar su actividad. El objetivo de este trabajo es aprender la pedagogía del amor como elemento educador de la familia.

Hablando de parar la maquinaria del ego-carácter

  • En momentos de tensión y frustración, ¿cómo reaccionas?
  • ¿Qué necesidad-expectativa sientes frustrada en esas ocasiones?

Juego imaginario

Imagina que una noche se te aparece un ángel de luz en sueños y te hace la siguiente proposición: “Si te distancias y desapegas del principal rasgo de tu ego-carácter, de aquel rasgo que te crea más dificultades en tu relación con tu pareja, jamás volverás a tener problemas con tu pareja y vuestra relación transcurrirá feliz y llena de amor y vuestros hijos tendrán los mejores padres”. Para que esto sea posible, ¿de qué rasgo-apego de tu ego-carácter te desprenderías primero?

Add a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *