FAMILIA EDUCADORA (IV)

QUÉ ES EL EGO-CARÁCTER

Todos reaccionamos de una manera determinada en momentos de tensión, estrés o conflicto. Cuando las cosas y las personas no responden a nuestras necesidades, decimos que nos sale el carácter. En estas ocasiones solemos decir: “soy así”. En realidad no “soy así”, simplemente he aprendido a reaccionar de esta forma cuando me siento frustrado. Cuando reacciono de forma inadecuada, no es con el amor que yo me expreso.

  • ¿Quién tiene el mando en situaciones de tensión, conflicto y estrès?

El ego-carácter. Para comprender qué es, veamos cuatro ejemplos concretos de cómo se forja en la primera infancia, y cuáles son sus consecuencias:

Ego-carácter escrupuloso, rígido, obsesivo

Padres excesivamente controladores o que castigan con mucha facilidad, fijan un umbral muy reducido para que el niño se exprese o se comporte con espontaneidad, el cual siente la necesidad de compensar este reducido umbral de movimiento afectivo, siendo escrupuloso, rígido y obsesivo para no defraudar a sus padres y recibir su aprecio. Con el tiempo se produce una degradación emocional. “Debo hacerlo todo “escrupulosamente” bien, para que mis padres y los demás me quieran. Así evito sufrir”.

Ego-carácter histriónico-histérico

Padres que rara vez critican o castigan, y además sólo refuerzan las conductas que ellos aprueban y de forma variable, fijan un umbral muy amplio en el que el niño debe aprender a hacer de todo y lo que sea para ser visto, reconocido y valorado. Estos niños experimentan frustración al solicitar la atención de los padres y exageran las conductas para asegurarse halagos y afecto. Si no lo hacen, sus padres les ignoran. Sólo los comportamientos caricaturizados atraviesan el umbral a partir del cual los padres notan que están ahí y hacen comentarios aprobatorios. Cuando los padres son incapaces de identificar esta dinámica, se entra en un círculo vicioso en el que cada vez se necesitan esfuerzos más exagerados y desesperados para mantener el mismo nivel de atención. Estos niños entran en la adolescencia con una sed insaciable de amor y atención. “Debo hacerme ver como sea, para ser reconocido, valorado y querido”.

Ego-carácter paranoide

El futuro paranoide suele tener unos padres «controladores, despreciativos. Son padres que esperan y demandan lealtad hacia la familia, y cuando el hijo no responde a la lealtad, se le administra un duro castigo mediante una actitud fría y seria, así como un mensaje implícito de que el niño es tan intrínsecamente malo que justifica el duro castigo. Por otra parte, los padres del futuro paranoide esperan autonomía y castigan la dependencia emocional. Ejemplo: Si el niño se pelea, la respuesta de los padres puede ser: «¿Qué hiciste para provocarlo?». El resultado genera un adulto aislado y receloso, que lucha por no necesitar a los demás, detesta la dependencia y nunca pide ayuda. “Debo tener cuidado y no dejar que los otros se aprovechen de mi”. “Si una persona es amistosa, debe estar intentando utilizarme”.

Ego-carácter fóbico-evitativo

Los padres del futuro ego-carácter fóbico-evitador favorecen y potencian una imagen social deslumbrante, impresionante y admirable del niño, y reaccionan ante los errores y las imperfecciones como algo extremadamente vergonzoso para la familia y reprimen sus errores e imperfecciones mediante burlas y humillaciones. Los defectos son objeto de burla y actitudes degradantes y, como consecuencia, se genera un umbral reducido de sensibilidad exagerada ante la posibilidad de ser humillado. El futuro fóbico-evitador, en primer lugar empezará a ocultar todo aquello que pueda ser considerado como una imperfección o que pueda alimentar los comentarios negativos. La fijación cognitiva distorsionada obedece a: “Debo estar muy atento a no cometer ningún error”, “Debo hacerlo todo bien, para que nadie me pueda criticar”.

Un juego de imaginación a propósito de tu ego-carácter

Una noche se te aparecen tus padres en sueños y cada uno te dice: Hijo-a, gracias a un don especial, se nos ha concedido la gracia de darte y colmarte un déficit o un exceso afectivo que no supimos darte o te dimos en exceso en tu educación como persona, lo cual te hizo sufrir y ha generado tu ego-carácter. Aunque por tu educación hicimos lo mejor que supimos, la única condición para poderte colmar y satisfacer por completo ahora y poderte sanar de tu ego-carácter, es que tú nos digas qué es lo que más te frustró, te hirió, te hizo sufrir o te desequilibró de nuestra manera de educar tu vida afectiva, sea por defecto, sea por exceso. Debemos saber tus dos principales frustraciones, las dos que te han hecho sufrir más: una referida a papá, y otra referida a mamá. No te imaginas cuán grande es nuestra satisfacción por el don que se nos ha concedido, porque deseamos que seas plenamente feliz. Esperando tu respuesta, tus padres que te quieren de verdad.

Un juego de imaginación a propósito del ego-carácter de tus hijos

Imagina que también a ti se te concede este mismo don pero para tus hijos, con el matiz de que eres tú quien debe darse cuenta de ¿cuál es el déficit o exceso afectivo principal que, generado por tu ego-carácter, lo proyectas en tus hijos, los frustra y les genera su respectivo ego-carácter?

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