FAMILIA EDUCADORA (VII)

CREENCIAS BÁSICAS SOBRE LAS REACCIONES EMOCIONES DEL EGO-CARÁCTER

Hay algunas creencias básicas en la que debo confiar absolutamente para conocerme a mí mismo y a mi ego-carácter, mediante la comprensión de mis reacciones emocionales. Las dos primeras son creencias positivas, mientras que la tercera aún te aleja más de tus emociones si no cambias la actitud frente a ellas.

Primera creencia básica: Nadie más que yo puede causar o ser responsable de mis emociones.

Lo cierto es que nos sentimos mejor atribuyendo nuestras emociones a otras personas. “Me has hecho enfadar… Me das miedo… Has hecho que desconfíe y me vuelva celoso…” La realidad es que tú no puedes hacerme nada de eso, lo único que puedes es estimular las emociones que ya están en mi ego-carácter esperando ser actividas. La diferencia entre causar y estimular no es un simple juego de palabras; además es importante aceptar la verdad que encierra la diferencia. Si yo creo que tú puedes hacerme enfadar, me limitaré a culparte de ello y a cargarte a ti el problema y nuestro encuentro no me habrá enseñado nada. Concluiré que tú has sido el culpable de mi enfado. Y ya no necesitaré hacerme preguntas sobre mí mimso, porque habré descargado en ti la responsabilida del asunto.

Si acepto la tesis de que los otros sólo pueden estimular emociones ya presentes en mi ego-carácter de forma latente, cualquier experiencia que produzca esas emociones será una experiencia de aprendizaje y de distanciamiento y desapego de mi ego-carácter. Entonces las preguntas que me haga me ayudarán a desapegarme de él.

Un ejercicio a propósito de tu ego-carácter

Recuerda la última vez que te has enfadado con tu pareja o con tu hijo (observa que la propuesta dice “te has enfadado”, no “te han hecho enfadar”).

  • ¿Qué me enfadó tanto?
  • Hay algo dentro de mi que este incidente sacó a la luz, ¿de qué necesidad frustrada se trata?

Las personas realmente responsables se relacionan con sus emociones de una manera positiva y ya no se permiten el fácil recurso de juzgar y condenar a los demás. Puedes crecer en la medida en que estés cada vez más en contacto con tus emociones.

Segunda creencia básica: En cada emoción hay una autorrevelación.

Hace poco recibí un mail de una persona, después de su última sesión de terapia. Estaba muy enfadada y expresaba una gran ira y miedo. Decía literalmente todo en maryúsculas: “LA MENTIRA, LA HIPOCRESIA, EL ENGAÑO, EL COMPLOT… EL INSULTO, LA OFENSA  Y LA DUREZA. SON ESTRATEGIAS SEGURAS PARA APARTAR A LA PERSONA DE SU CAMINO EMPRENDIDO. AUNQUE NO SIN DOLOR PROFUNDO.  ¡AH¡ ES  EL MEDIO MÁS RÁPIDO PARA MATAR LOS SINCEROS DESEOS Y ASPIRACIONES.   PUEDEN ESTAR YA FELICES Y TRANQUILOS, PORQUE LOGRARON EL OBJETIVO”.

La sesión anterior había tocado profundamente en el núcleo más neurótico de su ego-carácter. Venía para librarse de él, pero cada vez que entrábamos a tocarlo, siempre reaccionaba de la misma manera: se sentía atacada y herida y atacaba rechazando ver su dolor y su neura. De hecho, no acudió a la próxima sesión ni dio señales de vida.

Mi reacción fue afable y comprensiva. Conocía bien los serios problemas neuróticos de esta persona. Me pregunté cuál debía ser mi reacción para ayudarla de verdad. El mail solo despertó en mi compasión y el deseo sincero de tratarla con amor. Un amor que fuera maduro, sano, terapéutico. No sentí emociones negativas, porque era consciente de que sus palabras eran una simple proyección de su miedo, de su dolor y de la forma a la que se había habituado a reaccionar durante 42 años. No sabía hacerlo mejor y nadie le había enseñado cómo afrontar su profunda neurosis, aunque había hecho varios años de terapia anteriormente.

Por otra parte yo sé que no la mentí, no fui hipócrita, ni la engañé, ni la insulté. Sí que fui duro y si hice algún coplot fue contra su neura. Sin ella darse cuenta estaba proyectando todo su miedo sobre mi. La enorme necesidad que tiene esta persona de ver su neurosis y de aceptar sus emociones, la interpretaba completamente al revés. Proyectaba malicia en mi acción terapéutica, poniendo en mi intencionalidad todo lo contrario de lo que realmente le propone la terapia: “estrategias seguras para apartar a la persona de su camino emprendido, aunque no sin dolor profundo”. Ella cree en sus buenos deseos e intenciones de mejorar. Pero todavía no acepta el miedo terrible a enfrentarse con sus propias emociones dolorosas. Remata atacando y desplazando la responsabilidad del mal que se le hace hacia el terapeuta: “es el medio más rápido para matar los sinceros deseos y aspiraciones. Ya pueden estar felices y tranquilos porque lograron el objetivo”.

Además de un enorme sentimiento victimista, hay otro paranoico. ¿Es posible que la persona agreda a quien trata de curarla? Sí, es posible, cuando la persona no se hace responsable de sus propias emociones dolorosas.

Este incidente me ayudó a descubrir que yo era capaz de una profunda, cálida y sincera compasión. Más que nunca durante la siguiente semana, recé cada día por ella, porque creo en la fuerza de la oración potente. Y junto con la oración la estrategia que usé fue: Ya desde el día que no vino a la terapia, le mandé un mail citándola para el día siguiente a la misma hora. Así durante toda una semana. Ella guardó absoluto silencio y no se presentó ninguno de los días. Al final de la semana, además de citarla como cada día para el día siguiente, le mandé dos artículos que sabía que la harían reaccionar porque es muy aficionada a la lectura y es muy mental. Contestó este lacónico mail:

Saludos. He reflexionado sobre LO IMPORTANTE QUE ES CONTINUAR MI PROCESO QUE INICIÉ:

  • Poder sanar mi pasado
  • Seguir trabajándome a mi misma
  • Ser sana
  • Y  PODER UN DÍA CAMBIAR I SER OTRA PERSONA

Si me puedes dar hora y día para la próxima semana, por favor, me lo dices.Muchas gracias.

Digo que fue lacónica porque sus anteriores mail eran larguísimos, llenos de verborrea, deseos fantasiosos de mejorar… Mi mail respuesta fue a propósito lacónico como el suyo, para restablecer la relación terapéutica, lo cual no significa que no sea empática y sincera:

Ok. Lunes a las 11 hs.

Os aseguro que fue una experiencia preciosa para mí. Me ayudó muchísimo a conocer mis propias reacciones y a seguir fundamentando la relación terapéutica con los pacientes en aquella relación de amor y de empatía que hace posible de verdad el cambio, el progreso, la educación emocional y la salud de la persona y su reconstrucción como tal. El único verdadero error es aquél del que no aprendemos nada. Cuando reaccionamos enfadados podemos hacerlo de dos maneras: O cerrarme en mi mismo enfurruñado, echando pestes y despotricando contra quien le atribuyo la causa de mi enfado, o mirar al interior de mi ego-carácter y averiguar de dónde surgen las emociones de cólera que se han desatado. Esta es la diferencia esencial entre la persona capaz de crecer desprendiéndose de su ego-carácter y la persona incapaz de crecer, entre la autenticidad y el autoengaño. Siempre hay algo en nuestro interior que alimenta a nuestro ego-carácter y que explica nuestras reacciones emocionales; pero ello no significa que ese algo sea malo o lamentable. Descubrir la causa de mis emociones de ira, no es malo ni lamentable, cuando esto me ayuda a conocer mejor las estrategias que mi ego-carácter se ha fabricado para sobrevivir. Sólo descubriéndolas podré liberarme de ellas, sanar y crecer como persona. Lo importante es darme cuenta de que cada una de mis reacciones emcionales me dice algo acerca de mí mismo. Cada una de estas situaciones dolorosos, me da la oportunidad de aprender a no descargar en los demás la responsabilidad de mis reacciones emocionales, prefiriendo culparles a ellos en lugar de aprender algo sobre mí mismo. Lo máximo de lo que yo soy responsable respecto a los demás y ellos responsables respecto de mí es de estimular las emociones. Estimular es inevitable, pero nadie somos culpables. Si estimular las emociones es inevitable será para algo. Quien decide aprovechar la removida emocional estimulada por los otros, es la persona inteligente que crece, madura y vive más feliz. Tercera creencia básica: Debo ocultar mis emociones, para no volver a sufrir, así nadie me volverá a herir. No expresamos nuestras emociones por proteger nuestra autoimagen y sobre todo para que los demás no las aprovechen contra nosotros. La no expresión de emociones no es buena, pero la represión de las mismas es aún más autodestructivo.¿Estarías dipuesto a enfrentarte al hecho de que tal vez estás desplazando tus emociones hacia personas que nada tienen que ver con el asunto, culpándolas de cosas que no puedes aceptar en ti mismo?¿Hasta qué punto amas la verdad y deseas conocerte a ti mismo?

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