CONOCERSE DESDE EL OTRO (IV)

DIALOGAR PARA CONOCERSE DESDE EL OTRO

Si conocerse desde el otro es un acto espiritual de amor, no es posible conocer fuera del amor. La seguridad de sentirnos queridos, derriba todas las defensas y podemos expresarnos con la confianza que el otro no pretende herirnos. Este amor que nos da seguridad nos permite descubrirnos de verdad y en la verdad.

Pero como se realiza concretamente este conocernos de verdad en el otro?

En la relación con el otro, más concretamente en la comunicación y diálogo. Es en este terreno concreto cotidiano donde tenemos nuestras batallas y nuestros logros, porque es en la relación cotidiana donde tenemos reacciones emocionales puramente psicologico-emocionales o también espirituales.

«El diálogo es al amor lo que la sangre al cuerpo. Cuando el flujo de la sangre se detiene, el cuerpo muere. Cuando el diálogo se interrumpe, el amor muere y nacen el resentimiento y el odio. Pero el diálogo puede restaurar una relación muerta. De hecho, este es el milagro del diálogo ». (Reuel Howe: The Miracle of Dialogue)

El diálogo nos da la oportunidad de realizar concretamente este proceso de mutuo reconocimiento desde el nivel espiritual, gracias al don del amor.

Lo más grande que le puedo dar al otro es reconocerlo y respetarlo. Es la manera de quererlo.

La capacidad de diálogo en el sentido de posibilidad y voluntad de comprensión mutua para superar los inevitables problemas de la convivencia cotidiana, es un hito no fácil de conseguir, si no se parte de una premisa básica: el respeto a la diversidad que el otro representa para mí. Quiere decir que inevitablemente tengo que confrontar continuamente con otra persona que amo, pero que ambos somos diferentes. Quiere decir que en muchas cosas pensamos, sentimos y actuamos diferente. Esto, que puede ser causa de conflicto, también es la posibilidad de mutua educación en el arte del diálogo y de conocimiento mutuo.

Que los padres sean los primeros en educarse en saber dialogar, es un objetivo extraordinariamente valioso de cara a la educación de sus hijos. Es un trabajo que si primero lo hacen ellos, los hijos lo aprenden directamente de los padres. Es necesario que estos tengan la “voluntad de dialogar” que presupone la voluntad de recomenzar después de cada pegada. Este primer paso es imprescindible. Esto implica la capacidad de ayudarse mutuamente a expresarse en un clima de acogida y de respeto, en el que la dignidad, la singularidad, la autenticidad de cada uno está garantizada.

Dice Hellinger: “Reconocer y valorar las diferencias. El diverso tiene un mismo valor y una misma validez. De este reconocimiento nace después el amor. El fundamento del amor es el reconocimiento del otro y de su familia, tal como son. (…) La estimación implica reconocer que el otro tiene el mismo valor, aunque sea diferente. El compañero es diferente, pero válido. Cualquier intento de convertir al otro en algo diferente de lo que es, de hacerlo semejante a uno mismo, está abocado al fracaso y destruye la relación “.

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