LA COMUNICACIÓN PROSOCIAL DE CALIDAD (III)

SEGUNDO ESPACIO DIALÓGICO-RELACIONAL-PROSOCIAL-COESENCIAL

Este segundo espacio se define así: POR QUÉ NO TAMBIÉN TU, ADEMÁS DE YO (POR TANTO, JUNTOS)?

La pareja que quiere fundamentarse en una sólida relación, debe hacer frente a este segundo espacio. Quedarse en el primero no es inteligente. Dar el paso hacia el segundo es esencial, sobre todo cuando después de los primeros años se ponen de manifiesto la ambigüedad, las contradicciones y lo que de negativo parecía ocultar el otro. Dado que todos somos víctimas de nuestro ego-carácter, no tardan en aparecer en la relación y en el diálogo sobre todo cuando se frustran algunas expectativas y el deseo de darse se puede transformar o bien en un autosacrificio sumiso y alienante, o bien en una defensa tensa del propio espacio. A partir de las primeras decepciones es fácil caer en la tentación de huir o de resignarse, replegándose cada uno en sí mismo.

El malestar que se experimenta cuando la relación con el otro se desarrolla en estos términos, activa los respectivos mecanismos de defensa. El repliegue en uno mismo, desequilibrio cada vez más la relación cuando el amor propio defensa las necesidades individualistas más que el bien del otro.

Si la comunicación es el medio que nos permite construir un puente de unión con la pareja, no olvidemos que la sutil arma de la incomunicación puede servir para acrecentar el resentimiento, el individualismo y el aislamiento. Ciertamente no es fácil optar por un diálogo maduro prosocial ante situaciones que frustran nuestras expectativas. Sabemos muy bien como nuestras reacciones emocionales pueden contribuir, más o menos directamente, a decretar la vitalidad o el enfriamiento de la relación, a veces hasta la rotura y la separación.

Pero debemos aceptar que este segundo espacio es una dimensión mucho más real de la relación, punto de referencia esencial para el mutuo reconocimiento y aceptación. Es la alternativa que:

permite despegarse y distanciarse del propio yo, de la visión parcial y subjetiva del ego-carácter.
va más allá de las necesidades que impone el ego-carácter.
pone de relieve la co-esencialidad, es decir, ambos somos esenciales el uno para el otro y nos necesitamos para reconocernos, querernos, ser nosotros mismos y ayudarnos a crecer y madurar.

La condición para acceder al segundo espacio es “abandonar el propio espacio” y emprender el éxodo de mi yo, de mi ego-carácter. Este distanciamiento es la condición “sine qua non”, para acceder a la visión objetiva de la realidad, de mi realidad.

Para emprender el éxodo del propio yo hacia el otro, es necesario revisar la motivación de la propia intencionalidad. Hay que iluminarla para ver claro y ser consciente del sentido que tiene la relación para mí. Hay que recuperar el sentido, activando la ORGA de la conciencia (darse cuenta).

Uno de los valores supremos de la relación es el reconocimiento recíproco que se genera cuando ambos se comprometen a salvar por encima de todo “el amor recíproco”.

Cómo se genera el amor recíproco? He aquí el segundo espacio dialógico:

YO ABIERTO A TI, SALGO DE MI POR AMOR

Un YO capaz de contacto y de empatía con un TI. Salgo del mí, y más allá de mis personajes, me encuentro contigo, vacío de mí mismo por amor. Es este vacío de mí mismo lo que me permite verte y reconocerte en la verdad. Me abro a ti, dispuesto a acoger tu mirada objetiva y amorosa que me permite salir de mí y reconocerme en la verdad que tu amor me aporta. . Vacío de mí, empujado por el amor, atravieso mi ego-carácter, para encontrarme contigo, en la verdad que, con y desde el amor te aportan.

TU ABIERTO A MI, SALES DE TI POR AMOR

Un TI capaz de contacto y de Ampato con un YO. Si también sales de ti, empujado por el amor por acogerme y reconocerme, yo puedo ofrecerte la mirada objetiva que tengo de ti, con la intencionalidad de enriquecer a ti, como tú me enriquece a mí con tu mirada objetiva. Más allá de tu ego-carácter te vacías de ti por amor y te encuentras conmigo, vacío de mi ego-carácter por amor. Así cada uno fuera de sí mismo por amor, nos encontramos cada uno con la verdad que nos hace libres, gracias al amor recíproco.

Ambos nos ponemos en el lugar del otro y con amor miramos las reacciones emocionales de nuestro ego-carácter y por amor el trascendemos. ¿Cómo?

Cada uno escucha y acoge el punto de vista del otro. Mientras te escucho, yo me despejo de mí. Mientras me escuchas, tú te vacías de ti. Yo entro en ti y tu entras en mí, y lo hacemos con ese amor que no juzga, no interpreta, no espera que el otro cambie según las propias conveniencias, únicamente para acogernos y reconocernos y buscar el bien de la otro. De este modo, abrimos nuestra respectiva subjetividad a la objetividad que nos aporta el amor del otro. Este don recíproco que nos enriquece a ambos, nos permite un mejor contacto con la realidad y con la verdad que nos hace libres. Huecos de nosotros mismos, el amor recíproco transforma nuestra interioridad limitada y nos transporta a la interioridad dilatada del Cristo.

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