LA COMUNICACIÓN PROSOCIAL DE CALIDAD (IV)

TERCER ESPACIO DIALOGICO-RELACIONAL: LA RECIPROCIDAD – DAR SENTIDO AL AMOR DESDE LA INTERIORIDAD DILATADA DEL CRISTO

Quizás hoy más que nunca se utiliza la palabra “amor”, pero fuera de un contexto de responsabilidad para con el otro. Por eso no es extraño que a menudo una relación estropee cuando las emociones se acaban, con el resultado de buscar continuamente otra persona capaz de suscitar nuevas sensaciones.

Si para una pareja el amor es eso, pierde el auténtico y profundo sentido de que el amor conlleva.

El amor es un componente ontológico del ser humano, algo existencial que pertenece a su misma naturaleza, que va más allá de la simple tendencia de autoconservación de los individuos, que abarca todo su ser. Es muy difícil definirlo porque se presenta bajo múltiples rostros. Por ejemplo: “Decimos amor al acto fisiológico, al sentimiento de enamoramiento, al heroísmo de quien salva a otro, a la larga vida de una pareja que envejecen juntos, a tantos actos exquisitamente humanos” (Cf. F. LaRocca, el educaziones sessuale nella istituzioni, “Pedagogía e Vita”, XXXVII / 4 (1975-1976), pp. 386-387)

¿Cuál es la constante de todas estas formas de amor?
Siempre hay presente una “x”. La “x” consiste en un acto creativo, que construye a la persona amada tanto como a la persona que ama, ya que el amor es la fuerza que permite al otro, ser (= existir). Y cuanto mayor es la fuerza de quien ama, tanto más eficaz es la fuerza de su amor, capaz de generar el máximo bien al otro.
La esencia del amor, en definitiva, tiene su raíz en una decisión personal de convertir el amor en el sentido fundamental de la relación con el otro, con el objetivo de que “la persona a la que se ama no sea ​​ya un extraño para quien ama, sino que se la asume en la unidad del propio ser …, como razón de su misma razón de ser. Es por ello que se dice que el amor hace de dos un solo ser; es por eso porque es más profundamente madurativa la experiencia de amar, que la de ser amado “.

La relación que surge de este amor, transforma y hace nuevo al ser querido. “Surge la reciprocidad e inicia un diálogo creativo y recreativo continuo y biunívoco, (…) El amor humano no sería amor sin esta esencia, ni el conyugal lo sería sin reciprocidad y diálogo creativo”.

Si el verdadero amor se define por esta “x”, por este acto creativo que deja existir al otro como ser, ten el coraje de preguntar a tu pareja:

  • Sientes que yo te dejo ser, existir como persona?
  • Hay algún aspecto de tu vida en el que sientes que yo no te permito ser, existir como persona?
  • Puede el ser humano realizar este acto creativo de amor?
  • ¿Qué hace posible que el ser humano sea capaz de un acto creativo de amor?
  • Si el amor es un componente ontológico del ser humano, quien le pone en su esencia más profunda?

Os invito a dar un paso más. Muy comprometedor porque envuelve toda la persona y pide su total apertura al amor más grande a la que puede abrirse la mente y el corazón humano. Es el amor que se nos da antes de que seamos capaces de poder dar.

Llevamos a nuestra esencia del amor inmenso de Dios Amor. Dios nos ama inmensamente a cada uno y de manera personal. Gracias a que Dios nos ama inmensamente, tenemos la capacidad de convertir el amor en un acto creativo continuo.

Dice la Iglesia en su Declaración de social en el nº 582: “El amor es la forma más alta y más noble de relación de los seres humanos entre ellos”. Y la experiencia de la mística cristiana añade: “Descubrir o mejor redescubrir que Dios es Amor es la mayor aventura del hombre moderno”.
Y aún; «Tenemos necesidad de sentirnos mirados y amados por Dios. Y saber que cada una de nuestras oraciones de ofrecimiento o agradecimiento, cada palabra dicha siguiendo su voz, cada movimiento, cada evento (…) triste, alegre o indiferente, cada enfermedad, todo, todo, todo, desde las cosas que nosotros consideramos importantes a las más pequeñas acciones, o pensamientos, o sentimientos, todo es mirado por Dios, nos conforta, hace que nos sentimos acompañados, aunque estemos solos, y acompañados, sobre todo, por aquel único que verdaderamente nos importa ».
Es en el amor inmenso que Dios nos tiene donde encontramos el sentido y la fuerza para expresar el acto creativo más grande de lo que somos capaces.
La pareja que de verdad quiere profundizar su amor, que quiere amar el otro en los detalles más insignificantes de su relación, sabe que puede amar con el mismo amor de Dios.

Este amor se genera en la reciprocidad y esto significa llevar la calidad del amor prosocial de la pareja en su más alta expresión. Este amor la logra la pareja que decide entrar en la dinámica del tercer espacio: la reciprocidad.

Este espacio dialógico-relacional es la alternativa que se fundamenta en el éxodo de ambos (yo-tú) hacia la reciprocidad. La necesidad que tengo del otro y que el otro tiene de mí para crecer como personas y que nos define a cada uno como persona, es la categoría que nos permite fundamentar en una lógica heterocentrada, oblativa (= no egocéntrica). Nos referimos a la lógica cristiana de la Trinidad. Es la realidad que cuando nos olvidamos, enfermamos y morimos. Esta es la razón, el para qué nos necesitamos recíprocamente. El tercer espacio dialógico-relacional de la reciprocidad es un espacio real. “La verdadera realidad se encuentra en el interrelación recíproca. La realidad no se encuentra únicamente en mí o en ti, sino entre nosotros “. (K. Hemmerle. Partiré dall’unità, cit., P.91). Este “entre nosotros” no es una realidad abstracta, sino que se trata de un intermedio real, en el que encuentra su lugar y se “realiza” la historia de cada persona, en el unidad y en la diversidad de sus protagonistas , y donde la historia de cada uno puede convertirse en el “espacio generado por el amor recíproco”, el cual genera la presencia de Cristo porque ha dicho, “donde dos o más se reúnen en mi nombre (= en” mi “amor), yo estoy en medio de ellos” (Mt 18,20). (Ibid. Cit., P. 103) Este espacio generado por el amor recíproco es la característica de la vida cristiana, porque es la presencia de Cristo entre la pareja y entre los que se reúnen en su nombre, la que genera este espacio . Esta presencia no es automática, sino que es fruto de la tensión de cada uno para salir de sí mismo hacia el otro, con la misma radicalidad y fuerza de la salida del Hijo hacia el Padre, la que ha vivido a través de la salida hacia nosotros, dando su vida por nosotros. Jesús hace posible y experimentable este espacio. No es una utopía. Es una realidad que se puede vivir. Es aquí que Jesús se manifiesta como la condición única que permite que esto sea posible, el único lugar en que esto puede suceder. Cuando una pareja el uno se da a la otra, y en este amor el uno ama el Jesús del otro, hace que su vida sea cristiana y completa, hace que sea trinitaria, por tanto, verdaderamente cristiana. Lo que hace verdaderamente cristiana la vida es este amor que se vacía de sí mismo, sale de sí y se da al otro. Representamos este tercer espacio en el esquema siguiente:

Primer espacio: El YO y el TI, cada uno, sintiéndose inmensamente amado de Dios, y movido por este amor, abandona el espacio de su individualismo y de la reivindicación egocéntrica, y se propone ser el primero de amar al otro. Ejercitando este amor en los detalles más concretos de la vida cotidiana, cada uno genera el auténtico espíritu de familia.

Segun espacio: Mediante el ejercicio de una estimación y una comunicación de calidad prosocial, cada uno aprende a salir de su propia interioridad y se encuentra fuera de sí en un nuevo espacio que experimenta como propio en la medida que cada uno, vaciándose continuamente de sí mismo, hace posible la presencia de Jesús en medio de la pareja.

Tercer espacio: EL YO y EL TI ambos fuera de la propia interioridad, se encuentran, gracias al amor recíproco, en la interioridad dilatada de Cristo. Este amor nos hace capaces de mirarnos, comunicarnos, reconocernos, potenciarnos, querernos y crecer juntos. Es la fuerza del amor de Cristo. El camino hacia la interioridad del Cristo, no es ninguna técnica. Es una vida.

Cómo hacer posible la reciprocidad?

Para que sea posible y experimentable la reciprocidad, cada uno debe salir de sí mismo. Yo salgo de mí hacia ti para encontrarme con Cristo que está en ti. Tú sales de ti hacia mí para encontrarte con el Cristo que está en mí.

Ahora bien este salir de uno hacia el otro presupone que Cristo vive ya en cada una de las personas que se comprometen en este proceso. Sólo Cristo puede dar a cada uno el empuje inicial para salir de sí mismo y sólo Cristo es el término de la salida de cada uno de sí mismo. Él es alfa y omega de nuestro trayecto, de nuestro proyecto de vida.

Más exactamente: tú sales de ti, hacia Cristo en mí, y yo salgo de mí, hacia Cristo en ti. Pero por qué tenemos que salir cada uno hacia Cristo en el otro? Porque nuestro amor es humano y por tanto limitado a nuestra identidad humana. En cambio si queremos amar como Jesús, es él Verbo único y eterno, que nos da nuestra identidad divina y es Él quien nos la costudia. Es una opción: amo con mi amor limitado, o amo con el amor de Dios infinito.

No se trata de conducir los “yo” individuales hacia un “nosotros”, que podría convertirse en una dilatada ambigüedad de los “yo” individuales, sino que se trata de conducir los “yo” de cada uno al Yo de Cristo, que es el Cristo total. Debemos encontrarnos cada uno en Cristo total.
Esta es la gran diferencia.

Y cuál es el Cristo total?

El Cristo total no es el Cristo en mí, ni el Cristo en ti, ni siquiera Cristo en nosotros. El Cristo total es yo + tú + nosotros en el YO DE CRISTO. Sta. Teresa de Jesús llamó este lugar el “castillo interior”. Por tanto, el Cristo total es este “castillo interior”.

El Cristo total, el “castillo interior” es una verdadera intimidad, que para ser auténtica debe tener su “centro”. Pero es un “centro” que está “fuera” de nosotros. Dónde? En la intimidad misma de Cristo. Es el castillo interior de Cristo.

Cada vez que conseguimos salir de nosotros mismos amando a Cristo en el otro y en el otro amando a Cristo, nos encontramos en el castillo interior de Cristo, nos encontramos en el “Nosotros” trinitario.

Cómo se llega a este centro?

Sólo amando de verdad.
El amor al otro debe ser verdadero amor. Amo verdaderamente al otro cuando gratuitamente quiero y busco el bien del otro, no por mí, sino por él. Esto supone el éxodo total de mí mismo.
El bien más alto del otro es amarle de tal manera que también él quiera el bien del otro.
El otro sólo llega a querer el bien del otro cuando él se siente amado por sí mismo.

Como es este amor verdadero? ¿Qué caracteriza este amor?
El amor verdadero ama siempre el primero y busca el bien del otro. No ama porque es amado, no estima que el objeto que tiene delante es estimable, estima que el amor no puede no amar; el amor es amor y nada más.

Se trata de un amor que debemos madurar según el modelo de amor del Padre al Hijo en el Espíritu Santo. Sólo este es el verdadero amor. Lo sabemos porque Jesús lo vivió y nos lo enseñó. Es el don más grande que nos ha hecho Dios en Jesús: mostrarnos el inmenso amor que nos tiene, para que aprendamos a amar con ese mismo amor. Primero lo enseñó a Jesús, su Hijo, y él a nosotros.

Como amó Dios Padre a su Hijo?

Purificando su amor con la muerte y el abandono en cruz.

Qué pretende el Padre abandonando al Hijo sobre la cruz?

Puerta al Hijo a ser verdadero y sólo amor. Es decir, el Hijo que se sentía protegido y amado por el Padre ( “El Padre me ama no me abandona nunca”) experimenta el abandono del Padre!

A la que se vio obligado Jesús con este abandono del Padre?

A vivir el amor con la misma intensidad y radicalidad con que el vive Dios Padre; es decir, a ser realmente y sólo AMOR!

¿Qué significa esto?

Que vivir el amor como Dios ama, es amar sin esperar sentirse querido. Así Jesús atestigua que Dios es amor. Y no lo hace con palabras, sino amando con el mismo amor con que el Padre le enseña a estimar. Ama hasta dar la vida.

Como aprendo yo a amar de esta manera, a la pareja, los hijos, en el trabajo, donde vivo?

Es una gracia a la que me puedo abrir o no. Puedo estimar con una sonrisa, aunque no tenga nada que decir; callando porque no puedo decir nada en ciertos momentos; escuchando a fondo perdido; haciéndome uno con el otro; respondiendo o reaccionando con amor, aunque tenga que decir o hacer algo que al otro lo pone en la verdad y no le guste; no entrando en el juego neurótico del otro. Todo esto también es amor. Sea como sea, el otro debe sentir, a través de mi forma de tratarlo, que Dios lo ama con un amor que él en este momento no siente. Esto es lo único que se puede hacer: amar.

Al día a día cada persona, cada pareja tiene dos opciones:
1. O te resignas a quedarte centrado en el individualismo de tu ego-carácter (y entonces entras en una vida sin sentido, sin respuestas, cada vez más gris y neurótica),
2. o bien tratas de convertirte tú mismo en amor concreto, sin buscar sentirte amado, siendo tú el testimonio del amor de Dios para la pareja, los hijos, los demás. No se trata sólo de aprender a amar. Se trata de convertirme yo en amor concreto. Este es la cima y la forma más alta de la vida espiritual, a la que Jesús invita a los cristianos! Y no es imposible. Es posible cuando se mantiene una relación personal fuerte, profunda, con Jesús dentro y una relación fuerte, intensa, vivida, declarada con Jesús fuera, con la pareja …, con quien puedes compartir un camino hacia la interioridad dilatada del Cristo. La grandeza del amor de Jesús está en ser capaz de estimar el Padre que le pareció que ya no la quería y la abandonaba. La grandeza de este amor es justamente ser capaz de amar, seguir amando cuando tienes la sensación de que nadie te quiere, cuando te viene el pensamiento que estás haciendo el ridículo, que te están tomando el pelo y se aprovechan de ti , que te abandonan, etc. Todos estos son percepciones y pensamientos propios de la mente humana que se dejó llevar por el miedo al ridículo y al abandono. Es el miedo del ego-caràcter.Per qué es esta la manera de estimar que Dios nos enseña? Porque justamente en este modo de amar a Dios, descubrimos el inmenso amor que Dios nos tiene. Porque Dios no quiere criaturas dependientes de Él, sino que quiere criaturas a su altura! Dios me dice: haz como hago yo. Yo soy amor: el amor ama siempre el primero, estima también tú el primero y sempre.Quina es la dinámica interna de este amor? Ciertamente, hay que conocer la dinámica interna de este amor por ponerla en práctica. Es la siguiente: Cuando tú amas, pero no sientes el amor en ti, para que tú la estás dando, perdiendo, entregando, entonces no sientes el amor, no lo experimentas. No te sientes amado. Y sin embargo, eso es amor! El amor es amar sin sentir ser amor, sin sentir ser estimado: esto es verdadero amor! Este es Dios! Nos cuesta hacer una experiencia de este tipo, porque siempre queremos sentirnos queridos primero, antes de ser nosotros los primeros en amar al otro. Es una sensación extraña, sobre todo cuando no la hemos hecho nunca. Esto no quiere decir que no podamos hacer. Pero para sostener este amor, que en momentos determinados se hace muy difícil vivirlo solos, necesitamos al otro que también se ha comprometido a vivir esta misma medida de amor sin medida. Y cuando compartes el amor que mujeres a fondo perdido, sientes que te devuelve ese amor que has dado. Y experimentas que el amor existe. Por eso es tan importante fundamentar la relación de pareja en esta opción de dar siempre el primer paso en estimar. Por eso hay que tener hermanos-se dispuestos a vivir y compartir el amor a este nivel: un amor sin medida, es el amor trinitario. Pretender vivir este amor trinitario solo, es casi imposible. ¿Se imagina la fuerza interior que llega a tener la pareja que fundamenta su amor en este amor trinitario? Por eso si te pones de acuerdo con tu pareja para vivir este amor, seréis dos, y poniéndose de acuerdo con “dos o más”, dispuestos como vosotros a vivir este amor trinitario, entonces es más fácil, para que se camina con la fuerza de la presencia de Jesús que se hace presente en medio de los que se aman con este amor. Pero hay que dar el primer paso, estimando el primero. Si no, no hay nada que hacer. Si no damos el primer paso y no queremos los primeros, tenemos que resignarnos a una vida sin sentido; una vida absolutamente dependiente de si los demás nos quieren primero. Esto es una fuente de neurosi.Una otra característica de la dinámica de este amor trinitario es que no tiene fondo ni tiene forma. Por lo tanto, es un amor infinito a la medida de Dios, que no tiene forma ni fons.Un vas sólo puede contener la cantidad de agua en función de su forma y fondo. Nuestro amor tiene la forma y el fondo de nuestro yo (ego-carácter). Para ser este amor tritari debemos llegar a no tener ni fondo ni forma, es decir, tenemos que llegar a no ser. Mientras el yo se siente alguien, la forma y el fondo de este yo condicionan el amor. Ante una situación difícil cuando el yo no es capaz de estimar, significa que todavía es este vaso que contiene un poco de amor, pero no aquel amor sin fondo ni forma = sin límites. Jesús en la cruz y en su abandono es el hombre que experimenta el amor sin límites ni medida. Sin forma ni fondo propio. Adquiere la forma y la medida de Dios. ¿Qué significa no tener forma? Quiere decir que existe la libertad absoluta. El entorno nos pone continuamente nos cree, porque nos hiere y nos duele, pero no tiene la capacidad de apagar el amor, cuando un arraiga su vida en aquella suprema y absoluta libertad que es Dios dentro. Sin embargo, ¿qué significa amar a quien no me quiere, a quien debido a sus neuras hace sufrir? En estas ocasiones la mayoría de las personas no saben cómo manejar esta relación difícil, conflictiva y continuar amando. Muy a menudo se confunde el amor con el hecho de entrar en el juego neurótico del otro o hacer que el otro entre en mi juego neuròtic.L’amor trinitario del que hablamos es posible vivirlo también en estas relaciones conflictivas y dolorosas. En este caso, estimar significa salvar ante todo el bien del otry tanto como el bien propio, la verdad del otro, tanto como la propia, la salud física, emocional y espiritual del otro, tanto como la pròpia.Vol decir que hemos de estimar el sufrimiento para salvar el bien? No se trata de estimar el sufrimiento, sino de amar a Jesús en cada rostro de sufrimiento con que Él nos presenta.En el acompañamiento psicoterapéutico, cuando la persona está abierta y preparada, nosotros, junto con el trabajo psicológico, le ofrecemos este aprendizaje: cómo aprender a amar a Jesús en los rostros dolorosos (psicológicos y espirituales) que la persona experimenta, siguiendo 8 etapas. Tenemos experiencias muy positivas que transforman la persona cuando descubre el profundo sentido, incluso terapéutico, del sufrimiento, que no se trata de amarlo por sí mismo, sino que estimando Jesús en él, se transforma en amor. Pero esta es una realidad, a las puertas de la que nos detenemos. Dios da la ocasión y la oportunidad de atravesarla y experimentar toda la riqueza insonsable del dolor transformado en amor. El desarme DEL YO DE ATHÉNAGORES I, Patriarca de Constantinopla: “Hay que hacer la guerra más dura, que es la guerra contra uno mismo. Hay que llegar a desarmarse. Yo he hecho esta guerra durante muchos años. Ha sido terrible. Pero ahora estoy desarmado. ya no tengo miedo de nada, ya que el Amor destruye el miedo. estoy desarmado de la voluntad de tener razón, de justificarme descalificando a los demás. no estoy en guardia, celosamente crispado sobre mis riquezas. Acojo y comparto. No me aferro a mis ideas ni a mis proyectos. Si me presentan mejores, o ni siquiera mejores sino buenos, los acepto sin pena. He renunciado a hacer comparaciones. Lo que es bueno, verdadero, real , para mí siempre es el mejor. por eso ya no tengo miedo. Cuando no se tiene nada, ya no se tiene miedo. si nos desarmamos, si nos desposeemos, si nos abrimos al hombre-Dios que hace nuevas todas las cosas , el, entonces, borra el pasado malo y nos da un tiempo nuevo donde todo es posible. es la Paz! “. uN TEXTO Viktor Frankl SOBRE EL sufrimientos la madurez de su vida personal y profesional Frankl afirma: “Hace algunas décadas he manifestado ya que, paradójicamente, la más alta posibilidad de realización está en el sufrimiento, es decir, no a pesar del sufrimiento, sino en el sufrimiento , a través del sufrimiento “.

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