LOS 7 ASPECTOS DE LA VIDA DE PAREJA (SÍNTESIS)

SÍNTESIS
Un criterio para saber si la pareja vive armoniosamente el amor es si experimenta el equilibrio como un elemento de serenidad, generador de paz y de bienestar. Cuando experimenta malestar, es necesario que se pregunten qué nos genera desequilibrio o que nos desestabiliza, o como yo genero desestabilidad y malestar. Y luego hay que tener el coraje y la humildad de reconocer la parte propia generadora de desequilibrio y malestar. Cuando el desequilibrio es grande o profundo, a veces hay que pedir ayuda de fuera, a veces al director espiritual a veces al profesional, cuando uno o la pareja no pueden por si solos.

Las crisis y dificultades son la señal de un amor precario, inmaduro, cerrado en sí mismo. Las crisis y las dificultades son el color negro. Tienen su sentido. Indican la luz que nos falta y que tenemos que buscar por encima de todo. Indican el amor que hay que madurar, ejercitar, vivir, hacer crecer.

Mientras que la estimación, el amor que madura y se vive cada vez con más generosidad es la síntesis del arco iris. Es la luz, es el color blanco.

En definitiva, las personas vivimos bien en el equilibrio y la armonía. Vivimos mal en todo lo contrario. Sufrimos cuando en la relación no encontramos ese amor que nos hace sentir seguros. Huimos del sufrimiento y del sufrimiento. El peor sufrimiento, la raíz de todo sufrimiento es la falta de estimación.

Por ello, es necesario que la pareja centre su proceso de formación de pareja en torno al amor, salvar por encima de todo el amor, jugarse todo por el amor.

El amor debe ser la luz que guía y sostiene todos los esfuerzos. Hay que invertir en amor.

Ver toda la relación de pareja desde la óptica del amor es apostar por la vida, por la felicidad, por el crecimiento, por la autorrealización …

En definitiva esta es nuestra experiencia y nuestra aportación. Creemos en la importancia y la necesidad de trabajar en la persona en relación, porque es en la relación donde la persona crece y madura o se bloquea y es infeliz. Pero la relación necesita un eje con un sentido. Este lo encontramos en el amor. No un amor cualquiera, no un amor puramente natural, sino en el amor que tiene su raíz en Dios Amor, el cual, porque es Amor, es Trinidad que se ha encarnado en Jesús.

Para entender mejor el amor de Dios encarnado, nos es muy útil servirnos de la metáfora del rayo de luz blanca que cuando atraviesa el prisma se refracta en siete colores. Esta analogía es bastante pedagógica para entender cómo el amor se convierte en luz cuando dejamos que filtre en todas las realidades de la vida humana y de la relación de pareja. Este amor tiene la fuerza de transformar la persona y tiene la capacidad de darle el sentido más profundo e integrador.

Hay, sin embargo, que el amor natural se deje iluminar por el amor sobrenatural. Y para que esto sea posible, se debe empezar por formar las parejas dándoles conceptos claros, aunque profundos.

El acompañamiento de parejas en nuestra consulta, cuando nos exponen sus problemas, las dificultades en su relación y en la falta de comunicación, nos hace pensar en la necesidad de una formación amplia, que los prepare para ser personas sanas y integradas, a fin de ser mejores padres.

El curso que desde hace unos años impartimos con comunidades religiosas, es una experiencia aplicable a la pequeña comunidad de dos, que es la relación de pareja, antes de convertirse en familia. La responsabilidad es grande.

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