EL PERDÓN (II)

2. DIMENSIÓN ESPIRITUAL DEL PERDÓN
2.1: EXPRESIÓN DEL PACTO DEL AMOR CONYUGAL
La posibilidad de perdonar nace en la dimensión espiritual del hombre y se fundamenta en la lógica de la gratuidad y del amor. Pero requiere una base psicológica muy sana, no bloqueada por la neura de los eneatipo. En este sentido se puede hablar del perdón como la forma extrínseca más alta del amor, ya que representa un auténtico don de sí mismo. Una vez “abandonado el principio de la correspondencia de dolor por dolor, de hacer daño por hacer daño, de pena y culpa, entra en el reino de la libertad … El perdón restituye el orden, proclamando libre del adversario, introduciéndolo , de este modo, en un nuevo derecho “. (R. Guardini, El Signore, Vita y Pensiero, Milano 1981, p. 372)

Construir una identidad de pareja, un “nosotros”, y proponerse relanzar el pacto conyugal, no es algo fácil, porque involucra completamente toda la vida matrimonial, que sitúa inevitablemente a la pareja a experimentar pruebas y crisis. Por otra parte, el pacto deriva de la necesidad de establecer puntos de encuentro, bases comunes de acuerdos, sobre las que hacer nacer y madurar la relación de pareja.

Las dificultades surgen inevitablemente ante determinadas ofensas que uno puede hacer al otro. En estos casos, en caliente, perdonar el otro no es un procedimiento fácil e inmediato, y más complejo cuando más grave ha sido la falta.

El perdón pide dos actitudes:

  • el control de actitudes negativas y de venganza,
  • la puesta en práctica de actitudes de apertura y aceptación del otro, a través de un proceso de reconversión que, a veces, puede durar años.

Su potencia está en la capacidad transformadora. El perdón transforma, “es decir, da una nueva forma a las relaciones entre las personas involucradas y provoca una renovada esperanza en ellos”. (F.G: Palaeri – C. Regalia, Il perdono nella literatura psicológica, p. 215)

Hay una fuerza espiritual muy profunda que no se improvisa. Hay una mirada desde el corazón. Esta mirada desde el corazón y esa compasión por el ser querido no puede durar toda la vida si no sabemos perdonar. Para saber perdonar necesitamos Dios.

“Saber perdonar es una ciencia necesaria para las personas casadas … No hay, de hecho, amor que no alimente dentro de él, a menudo sin saberlo, gérmenes de muerte. Si los cónyuges no se involucran en una guerra de exterminio (de los gérmenes de muerte egocentrista), hábil y perseverante, su amor no sobrevivirá. Esta lliuta va más allá de las fuerzas humanas … Para estimar, sobre todo para estimar, el hombre y la mujer necesitan Dios. Sin Él, no se pueden proteger del mal, sin Él no saben perdonar, el uno al otro, las debilidades de su amor “. (P. Caffarel)

2.2. EL PERDÓN, UNA OPCIÓN DE AMAR a pesar de todo
Una bonita definición de perdón podría ser la de “amar a pesar de todo …” Es como superar un obstáculo de amor propio, tratando de ir más allá, viendo la posibilidad de volver a empezar la reconciliación al más alto nivel. No es un acto de debilidad o de olvido, sino sobre todo, un acto generoso de fuerza, que sabe superar los obstáculos del amor propio y del instinto de venganza para permitir a quien se ha equivocado, poder recuperar la dignidad de una relación más comprometida.

El perdón, como un comportamiento altruista por excelencia, es un acto procreativo, generador de nueva vida.

Produce el esfuerzo de considerar a quien nos ha ofendido con benevolencia, incluso en los casos en que se reconoce que él o ella no tiene ningún derecho. El perdón, como un don profundo de sí mismo, ensalza el ofrecimiento sin más finalidad que la de volver a reavivar la relación con el otro.

En este sentido el perdón es abrir un crédito al otro sin garantía de retorno. El perdón, ya sea conceder, pedido o implorado, requiere el coraje de buscar la verdad.

ROBERT Y MARTA: LA VOLUNTAD DE RECOMENZAR
Un matrimonio fracasado, recomenzado, nuevamente fracasado, nuevamente y valientemente recomenzando.

Robert: Desde hacía un tiempo vivía como separado en casa. Era consciente de un cambio en la Marta, pero esperaba. No me fiaba del todo. Había acumulado mucha rabia y sobre todo, ¿qué sentido tenía reintentarlo tras fallar otras veces?

Marta: Yo trataba de esforzarme para mirar a Robert como si fuera la primera vez. Trataba de ir más allá de las ofensas, de hacerle pequeñas atenciones, como la de saludarle y desearle un buen día, un buen trabajo, de mirarlo con serenidad, con la buena intención de transmitirle el mensaje: “Tú eres para mí todavía un interlocutor digno, podemos recomenzar, yo no te pongo límites ni obstáculos. Quiero ser nueva a tus ojos. También tú eres nuevo a mis ojos “. Es difícil expresar todo ello con la mirada, la expresión de la cara, pero confiaba en que alguien me había dicho sobre que la pureza de las intenciones se transparenta si mantenemos la voluntad de amarnos.

Así pues, una tarde le pedí estar juntos un rato en la terraza de casa. Había silencio alrededor. Las niñas ya dormían; mejor, hacían que dormían porque sabían todo lo que pasaba entre nosotros. La grande me dijo al día siguiente que rezaban bajo las sábanas.

Del fondo de este silencio, como una señal, desde tiempo esperado, hasta ahora incapaz de salir, de repente, como un extraordinario impulso de nuestro amor herido, pero no apagado del todo, surgió la vez de los labios de ambos la palabra ” perdón “. Aunque nos queríamos. Nuestro amor probado, traicionado, aunque era, sin embargo, vivo.

Robert: Esta experiencia nos ofreció, una vez más, la posibilidad de ejercitar el perdón, como proceso de aprendizaje recíproco, necesario, casi cotidiano, que tiene en cuenta algunos aspectos negativos del otro-a, diferentes de la imagen confiada, idealizada y gratificante del enamoramiento que habían vivido de novios. Pero es en el pasaje inevitable de la fase de idealización a la fase más concreta y cotidiana de la realidad, donde nos dimos cuenta de que cada uno estábamos llamados a hacer ese salto de calidad crucial, que nos coloca a ambos ante la tarea de reconocer los propios límites, y reconstruir la fidelidad al pacto de amor recíproco.

Marta: Haciendo cada uno su parte, nos dimos cuenta de que esa fidelidad, sin embargo, requiere el don sincero de sí mismo.

Robert: Habíamos experimentado muchas veces el fracaso, pero habíamos reiniciado cada vez, hasta que nos dimos cuenta que la voluntad de reempezar después de cada fracaso, se sostenía y adquiría fuerza y ​​madurez cada vez que renovabamos y defendíamos por encima del propio orgullo herido, el pacto de amor recíproco.

Marta: Aprendimos a saber reconstruir un nuevo proceso de idealización más fuerte, más maduro, hecho de un amor puesto a prueba por el dolor. Ahora podemos decir, después de un largo aprendizaje, que este dolor madurado con el amor, nos ha llevado al nacimiento de una sana tensión mutua hacia la verdad y el bien del otro.

2.3 EL PERDÓN PONE A PRUEBA LA VERDAD DEL AMOR
El perdón, en definitiva, es la verdad del amor, porque pone a dura prueba, pero purifica y ensalza el amor. No son sólo las historias de adulterios, abandonos y heridas las que reclaman el perdón. La vida cotidiana está llena de situaciones, tensiones, egoísmos, reacciones del propio ego-carácter que convierten el perdón en ese acto de humildad capaz de resituar la relación a la luz de la verdad, que prueba la autenticidad del amor y que el amor es fiable. Ciertamente hay coraje para salvar por encima de todo la verdad del amor.

IRENE Y DANI: PERDONAR “COMO SI …” EL IMPULSO DEL AMOR FUERA SIEMPRE NUEVO Y VIVO.

Irene: Nosotros somos una pareja que subsistimos y vivimos del perdón recíproco. Nuestro joven amor, hace años, pronto se vio medido en función de las famosas diferencias de carácter, de formación, de proyectos, de ideales. Con las diferencias nos estábamos hundiendo también nosotros. Nos salvó el encuentro casual con alguien que nos enseñó con su vida, el sorprendente y maravilloso “como si” del amor.

Daniel: La imagen de la primera vez que nos pidió perdón, hace más de 35 años, Aún es nítida y cruda en la memoria: prácticamente la recuerdo como si se tratara de un suicidio juntos. Suicidio en el sentido de que ninguno de los dos nunca habría hecho algo así; fue como murió al propio ego. Fue una muerte que cada uno hemos tenido que repetir continuamente, hasta el punto de hacer nacer el “nosotros” .

Irene: El hecho de proponernos morir al propio ego, no nos ha sido nada fácil, pero puedo decir que desde que nos lo propusimos, entendimos qué tiene que ver el amor con la vida de cada día. Nos hemos dado cuenta de que el amor pide darse continuamente y hemos experimentado la creatividad de este perderse en el otro, de ese saber ceder por amor. Al principio yo tenía la impresión de que haciendo así, perdía mi personalidad. Con el tiempo, la propia experiencia nos ha hecho cuenta de que disminuir nuestra personalidad, nada de nada, al contrario, nos ha reforzado la nueva personalidad que construye el amor.

Daniel: He tenido que tomarme en serio “creer en el amor “. He tenido que hacer un continuo acto de fe como el que hace el agricultor que pierde la semilla en la tierra. Juntos nos hemos preguntado muchas veces: No son quizás entonces de amor estas pérdidas que sembramos en el corazón del otro? Es un riesgo, de acuerdo, pero el amor es por naturaleza riesgo.

Irene: No me acostumbro a morir, por lo que nos propusimos cada mañana recomienza, mirándonos con ojos nuevos, “como si …” todo el pasado de ayer, de anteayer, …, ya no contara. Pero para ello teníamos que hacerle una trampa a la mente, depositando todo el negativo de uno y del otro en la misericordia de Dios amor, “como si …” ya no existiera. Al principio este ejercicio me parecía que no me aportaba nada, pero a base de proponérmelo, se ha convertido en una maravillosa dinámica que ha ido transformar mi actitud interior “.

Daniel: Ahora, el reconocimiento de la dignidad de mi pareja me da fuerza para la renuncia voluntaria a dominar, a hacerme el centro. Es un continuo “por ti,” en el que el perdón es un trampolín del amor que pensaba ya terminado. Me doy cuenta que no se puede perdonar desde una posición de fuerza. O el regalo por amor, o no consigo perdonar.

Irene: Eso sí, he aprendido que la verdadera reconciliación requiere la implicación de ambos – uno para disculparse, y el otro para consentir en el perdón.

Daniel: Ahora bien, veo que no se puede perdonar desde una posición de fuerza. O el regalo por amor, o no consigo perdonar.

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