LA VOZ DEL SILENCIO

20 EL PATRÓN DE CONDUCTA Y LOS DRAMAS DEL EGO

En el proceso de evolución espiritual hay momentos en los que las resistencias del ego son tan intensas y dolorosas que uno tiene la tentación de tirar la toalla y abandonar. Es un momento crucial. El malestar, el dolor o el sufrimiento que experimentamos en un momento dado, frente a una situación o persona concreta, nos embarga, casi siempre nos supera y hacemos lo que sea para evitar estos sentimientos. ¿Cómo nos hemos habituado a reaccionar en estas ocasiones? Solemos reaccionar evitando, ignorando, reprimiendo este malestar, dolor o sufrimiento; solemos criticar, experimentamos ira, nos hacemos víctimas, nos juzgamos a nosotros y juzgamos a quien no piensa, siente o reacciona como nosotros. Con ello no hacemos más que reforzar y consolidar la vivencia de nuestros propios dramas convertidos en hábito a fuerza de repetirlos continuamente.

No somos conscientes que quien reacciona de esta manera repetitiva, y a veces desproporcionada, es nuestro ego. Se fortalece con cada nuevo drama. Si queremos ser conscientes, nos daremos cuenta que quien gestiona nuestras reacciones es nuestro ego.

Si quieres hacer un trabajo profundo, serio, de liberación interior, de auténtica evolución emocional y espiritual, plantéate con total honestidad una de las decisiones fundamentales que debes tomar: la de confrontarte con tu propia estructura mental y emocional, con tus hábitos recurrentes de pensar, con los posicionamientos muy enraizados de tu ego, con las creencias en las que sostiene toda su actividad y todas las decisiones que toma por ti, aun cuando crees que las tomas tú.

La estructura mental, emocional, incluso espiritual, con la que decides, reaccionas y funcionas en tu vida cotidiana, te invito a que te des cuenta cuán llena está de juicios y significados producto de cómo tu ego percibe la realidad.

Como ejemplo, te invito a que observes, del Mapa de la Conciencia de Hawkins, cualquiera de las emociones negativas desde el orgullo a la vergüenza-no valía. Observa con qué frecuencia reaccionas con ira, rabia, envidia, celos, comparaciones, orgullo, miedo, culpa, sufrimiento, incapacidad. Si con humildad observas más profundamente te darás cuenta que todas estas emociones negativas surgen de tu interior, de aquel niño-niña que en su infancia no experimentó un amor incondicional. Te darás cuenta que allí aprendiste a tener miedo, a experimentar inseguridad afectiva, a no valorarte, a creer que no merecías, a sentirte culpable por no complacer a los mayores; aprendiste, sin darte cuenta, a sobrevivir mediante mecanismos de defensa, que has practicado a lo largo de tu vida adulta, y que constituye tu patrón de conducta.

Esto constituye la estructura mental, emocional y espiritual que gestiona tu ego. Incluso la estructura espiritual, por sorprendente que te parezca, puesto que el ego se reviste de espiritual con tal de sobrevivir en ti. Por eso te recomiendo encarecidamente que empieces a replantearte el trabajo que deseas hacer, desde tu interior, enfocándolo desde tu interior. El ego siempre busca las soluciones fuera, culpando, enjuiciando, criticando a los demás. Concretamente, cada vez que te “atrapes” a ti mismo-a juzgándote o juzgando a los demás, es tu ego que trata de resolver el malestar, dolor o sufrimiento de este momento, tal como te ha habituado a resolverlos.

Te proponemos un primer ejercicio muy concreto.

Observa, “atrapa”, “reconoce” y toma conciencia de cada juicio; cómo te juzgas a ti mismo-a; cómo juzgas a los demás.

Para ello es importante que comprendas bien la estructura de todo juicio. La raíz profunda de donde surge todo juicio es: “Esta persona, esta situación, esto que me molesta, me duele o me hace sufrir, no debería ser así.” “Debería ser como yo pienso, siento, quiero”. “Como que no es así, me he habituado a reaccionar con enfado, ira, controlando a los demás, porque quiero que las cosas sean como yo creo que deben ser, quiero que se resuelvan de la manera que yo creo que es la mejor”. Te darás cuenta que en el fondo de cada juicio aparece tu orgullo, tu vanidad, tu narcisismo, tu culpa, tu miedo, tu incapacidad, tu no valía, y todas las emociones negativas que experimentaste en tu infancia, que las has ido perpetuando con cada reacción. Descubrirás los dramas con los que tu ego te ha habituado a reaccionar, cada vez que las personas y los acontecimientos no se acomodaban a tu manera de pensar, sentir y actuar.

Cada persona se ha habituado a perpetuar su propio patrón de conducta, reaccionando a aquellas emociones negativas que experimentó como herida de no amor, como malestar, dolor o sufrimiento. La lista anterior sirve para que cada uno-a identifique aquella emoción negativa nuclear que más le hizo sufrir. Porque esta emoción o emociones negativas están tan enraizadas, que el ego nos hace creer, erróneamente, que son nuestra auténtica identidad. 

Te proponemos un segundo ejercicio muy concreto.

Estos momentos son preciosos regalos de Dios. Sin embargo, el ego no nos los deja ver como un regalo, debido al malestar, dolor o sufrimiento que experimentamos.

En estos momentos hay que tomar conciencia que detrás de los embates del ego está el SER, la PRESENCIA de DIOS, el REINO de DIOS dentro, que nos sostiene con la fortaleza del Espíritu Santo.

El trabajo interior de estos momentos es RECONOCER y ENTREGAR a DIOS aquello que nos molesta, nos duele y nos hace sufrir. Son los apegos que hemos consolidado a lo largo de décadas.

Es un momento duro, difícil, es una tentación del ego para que todo siga igual, para que no des estructuremos los posicionamientos que ha construido en nuestra vida, desde la infancia, que perduran en nuestra vida adulta, mientras sigamos REACCIONANDO desde el ego, en vez de RESPONDER (ser responsables de nosotros mismos) desde el SER, que es la PRESENCIA de DIOS en nuestro interior.

La voz del silencio

 


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