LA VOZ DEL SILENCIO

21 LO QUE ME CAUSA MALESTAR, DOLOR, SUFRIMIENTO, SE REFIERE A MI

Empieza tomando conciencia del valor, importancia y significado que das a todo lo que te causa malestar, dolor o sufrimiento. Sea lo que sea, reconoce el valor, la importancia y el significado oculto detrás de todo esto. Observa que tu malestar, dolor o sufrimiento es debido al significado que le das a todo lo que te hace reaccionar. Observa y reconoce que percibes la realidad teñida de este malestar, dolor y sufrimiento.

EJEMPLO

Para comprender este mecanismo, pongamos que me molesta el comentario negativo que alguien hace de mí, o simplemente me causa malestar que alguien no acepte mi criterio, mi forma de pensar, la manera cómo a mí me gustaría que fueran las cosas. Estas pequeñas experiencias me causan malestar, a veces rabia, indignación, o simplemente me preocupa que la decisión que se tema en comunidad no tiene en cuenta mi parecer, mi opinión.

Este hecho activa una historia, pone en marcha un personaje mío que se siente incomprendido y mil emociones más. Temo que las cosas no vayan como a mí me gustaría que fueran; se pone en marcha toda mi actividad mental con todo tipo de pensamientos catastróficos. EN el núcleo de lo que temo se encuentra mi patrón de conducta a partir del cual mi ego ha construido su fortaleza. Puedo observar que en el núcleo de mi patrón de conducta hay algunas de estas emociones negativas no integradas: que dejen de confiar en mí, que pierda amigos, que me abandonen, que no me valoren, que me critiquen, me juzguen y dejen de quererme.

Cuando reconozco lo que de verdad me molesta, me duele, me hace sufrir, eso es lo que debo soltar. Así lo afirma Hawkins: “Cada vez que te encuentras con algo que te duele, eso es justamente lo que debes soltar”.

El trabajo espiritual consiste en soltar los obstáculos del ego. El ego no está para hacernos la vida dura. Está para ser trascendido. Esa es la función del ego en nuestra vida. En este sentido es un regalo de DIOS.    

EL SER REGALA CONTINUAS OPORTUNIDADES PARA QUE YO TRASCIENDA MI EGO Y SUS POSICIONAMIENTOS

Cuando uno se compromete seriamente en su evolución espiritual, el propio SER, la fortaleza del REINO DE DIOS DENTRO, brinda continuas oportunidades para trascender el propio patrón de conducta con todas sus historias y dramas. El ego percibe estas oportunidades como experiencias de sufrimiento, como pérdida de sus historias y dramas trágicos y no está dispuesto a perder nada.

¿Cómo son los regalos del SER?

Nos hace ver que todavía hay partes de nosotros mismos que las percibimos desde el ego y no desde el SER. Por supuesto, al ser percepciones del ego, siempre son distorsionadas, no son reales, aunque el ego nos las hace experimentar como reales. Significa que el ego nos hace percibir cosas de nosotros mismos por debajo del nivel de conciencia 200, por consiguiente, desde el campo de energía negativo de la falsedad, la mentira, la no integridad.

Mientras repetimos las historias y dramas de siempre, surgidas del campo de energía del ego, es imposible amarnos. En realidad, a quienes primero nos hacemos daño es a nosotros mismos, porque no nos juzgamos continuamente. Por eso es tan difícil amar a los demás con amor incondicional. Hemos de empezar a amarnos a nosotros mismos con tal compasión que se instaure en nosotros el amor incondicional. Esto significa que nos hemos de amar desde la Verdad. Y para amarnos desde la Verdad, hemos de reconocer el juez interior que llevamos dentro y ponerlo al servicio de Dios.

¿Y cuál es la Verdad?

Reconocer que nos amamos desde el patrón de conducta que hemos aprendido para sobrevivir. Creemos que nos amamos, cuando en realidad vivimos protagonizando historias y dramas a partir de los impactos emocionales y de las heridas de no amor que experimentamos en la infancia. Repetimos las mismas historias y dramas de siempre en las que el ego nos elige como protagonistas. Nos apegamos a estas historias, porque nos encanta ser protagonistas de nuestros propios dramas. Aunque son historias de sufrimiento, estamos enamorados y apegados a ellas. Basta observar cómo nos cuesta abandonarlas.

Para amar de verdad a los demás, solo puedo hacerlo desde un verdadero amor a mí mismo. Este punto representa una gran dificultad, a veces, infranqueable debido a creencias de culpa, de merecimiento, de sentimientos de no valía.

Se trata de un proceso progresivo de maduración. Primero reconozco que, por mí mismo no sé amar, porque el amor que he recibido ha sido un amor condicionado. He aprendido mucha teoría sobre el amor, pero no la diferencia entre la manera de amar del ego, del amor con que ama el SER.

Ejercicio 

  • Desde el SER yo puedo comprender que el amor con el que he sido amado ha sido condicionado;
  • luego puedo ejercitar la compasión hacia mí mismo por todas las consecuencias que este amor condicionado ha producido en mi vida;
  • luego puedo permitirme perdonarme por los errores cometidos debido a mi inocencia y a mi ignorancia.

 Este proceso de purificación emocional conduce a la paz interior. Se trata de un proceso de maduración que produce paz y libertad interior. Esta paz es fruto del Espíritu Santo. Solo Él puede producir paz.

  • A medida que experimento paz interior, puedo ejercitar la comprensión, la compasión, el perdón, hacia mí mismo-a.
  • Luego hacia todos los demás. A partir de este progresivo trabajo interior, la propuesta de Jesús, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, se va consolidando progresivamente en mi vida. Descubro que se trata del amor del SER, del amor de DIOS que me habita, al que me abro, me abandono hasta convertirme en servidor de ese AMOR.

 ¿Qué hace que mi amor sea egoísta?

Desconocer aquella parte de mí, que es mi patrón de conducta y todos sus posicionamientos, ocultos bajo capas de creencias, percepciones, expectativas, proyecciones, hábitos y los juicios, que son la actividad habitual de mi ego. Mientras no reconozca esta parte de mí mismo que se manifiesta a través de las reacciones de mi patrón de conducta, mi amor seguirá siendo condicionado y distorsionado por lo que creo de mí mismo que luego proyecto sobre los demás. A esto se le llama estar bajo la influencia y el control de los posicionamientos del ego. Desde esta percepción de mí mismo, no puedo cambiar nada.

El trabajo fundamental en este proceso consiste en tomar la decisión de entregar el control del ego, a Dios, entregando apegos, dependencias, expectativas, compensaciones, atracciones y las aversiones del ego a Dios.

Un apego muy frecuente del ego es hacernos depender de la opinión que los demás tienen de nosotros. Cuando alguien habla mal de nosotros, nos critica, nos difama, no acepta nuestros puntos de vista, el ego reacciona con rabia. Cuanto más contraataca, más fuerte es el apego. Cuanto más intensa es mi reacción, más pone de manifiesto mis puntos débiles que todavía no he integrado. La pregunta es,

  • ¿estoy dispuesto-a a reconocer los puntos débiles ocultos detrás de mis reacciones?

EJERCICIO

  • ¿Cuáles son mis puntos débiles habituales, causa de mis habituales reacciones?
  • Los puedo reconocer prestando atención a mis reacciones.

Si no estoy dispuesto a reconocer e integrar mis emociones negativas, esto pone en crisis el propósito de mi vida.

El propósito fundamental de toda vida humana es evolucionar espiritualmente. Pero solo evoluciono cuando integro mis emociones negativas (aquellas que son motivo de mis continuas reacciones) no integradas. Esto significa abandonar progresivamente el campo de energía del ego, y fundamentar cada vez más mi vida, en el campo de energía del SER. Cuando uno se toma en serio este propósito, todos los posicionamientos, criterios, valores, significados del ego, pierden importancia. Por contra, cada vez concedemos más valor, importancia y significado al SER. Esto se traduce en que los embates del ego cada vez tienen menos fuerza. Practicando este ejercicio, llega un momento que los embates del ego ya ni se presentan y dejan de manifestarse cuando ya no les doy valor, significado e importancia.

Todo esto es un proceso que se consigue RECONOCIENDO y ENTREGANDO a DIOS.

La manera de desidentificarme de lo que me causa malestar, dolor, sufrimiento es reconociendo que todavía doy valor, significado e importancia a posicionamientos del ego. La experiencia muestra que cuando dejo de dar valor, significado e importancia a un malestar, dolor o sufrimiento, éste desaparece. Podría contar muchas experiencias en este sentido.

UNA EXPERIENCIA

Menciono la más reciente, la de una chica joven que acude muy preocupada porque desde hace más de cuatro años padece insomnio. No poder dormir ni descansar por la noche le ocasiona angustia, preocupación, porque durante el día no puede rendir, debido a que no descansa por la noche.

De inmediato observo que es una persona muy perfeccionista, muy exigente e intransigente consigo misma y luego proyecta su rigidez sobre los demás. Le hago observar que cada noche se lleva consigo todas la preocupaciones y problemas del día. La mente pone en marcha toda su actividad mental imparable de tal forma que le desvela. Dormir se le ha convertido en una pesadilla que no sabe cómo resolver. Este es el funcionamiento habitual de su patrón de conducta.

Prácticamente le informo que deje de luchar contra sus preocupaciones, contra su necesidad de tener todo resuelto y de la manera como ella cree y desearía resolver. Le informo que reconozca y acepte la lucha que cada día pone en marcha cuando va a dormir. Le propongo que acepte todo lo que le contradice, todo lo que quisiera tener resuelto a la hora de dormir y que abandone esta lucha en manos de Dios, en vez de quererlo tener todo bajo “su” control. Le informo que la mente humana no acepta fácilmente que el exceso de control, produce mayor descontrol todavía más. Le hago este planteamiento antes de vacaciones.

A la siguiente sesión viene contenta, porque lleva un mes durmiendo toda la noche de seguido. Está sorprendida de poder dormir y descansar después de cuatro años de insomnio. Le recuerdo lo que le dije en la primera sesión, que esto lo resolvería sin pastillas. La mejor pastilla es la reestructuración del mecanismo que ponía en marcha toda la actividad mental que le desvelaba.     

Si observamos con honestidad el fenómeno, descubrimos que solemos culpar a las circunstancias o a las personas frente a las cuales ponemos en marcha una actividad mental desbordante que no hace más que proyectar fuera lo que no nos atrevemos a reconocer dentro de nosotros. Confundimos el efecto (buscar fuera), con la causa (ignorar que todo surge de dentro). Esto es proyectar en el otro lo que yo no tengo integrado. La realidad es totalmente distinta. Los demás, así como las circunstancias, solo nos devuelven aquello que les proyectamos. Desmantelar este juego del ego implica asumir mis proyecciones sobre el mundo.

El ego hará todo lo que sea para mantener sus proyecciones sobre los demás. Así no cambia nada, uno siempre está en lucha, lidiando, controlando, proyectando, nunca en paz. Todos necesitamos estar en paz. Pero esto significa aceptar que los demás solo son espejos que nos devuelven lo que les proyectamos. Y no hay ninguna excepción a esta regla.

¿Hay algún punto de inflexión que me permita cambiar el juego de proyección del ego?

Sí, lo hay.

Darme cuenta y RECONOCER que todavía estoy en el “no soy”. Darme cuenta que todavía estoy apegado y dependiendo de los demás. Darme cuenta que sigo reforzando el hábito de reaccionar y aun no me he decidido a aprender a responder.

Para poder identificar el significado que doy a las circunstancias y a las personas, basta cuestionarme: ¿qué circunstancias y personas me causan malestar, dolor, sufrimiento? y aceptarlas como oportunidad de romper el hábito de reaccionar. Esto requiere el acto de humildad de reconocer. Cada vez que reconozco, se fortalece la humildad.

 La voz del silencio

 

 

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