LA VOZ DEL SILENCIO

26 SILENCIAR LA MENTE

Para avanzar hacia niveles de conciencia elevados, hacia el amor incondicional y más, debo silenciar mi manera de pensar. Me he de desprender, tengo que practicar el no-ser de la mente. Es un paso imprescindible en el camino espiritual que requiere abrir mi mente a valores tan elevados y motivadores que pierda el miedo a trascender mi propia manera de pensar hasta silenciar la mente. Una de las motivaciones más elevada es hacerlo por amor. Me motiva desprenderme de mi manera de pensar, del propio hecho de pensar, la convicción de que estoy tan aficionado a mi estructura mental que condiona de tal manera mi voluntad, mis decisiones, hasta el punto de bloquear el progreso del amor incondicional.

Estoy tan identificado con mi estructura mental de pensamiento, que desprenderme de ella lo percibo como una pérdida imposible de afrontar, con lo cual permanece activo el principal obstáculo al amor. La consecuencia es que valoro más mi manera de pensar que el amor esencia de mi vida. Valoro más la falsa seguridad que creo me da mi estructura mental que la libertad del amor cuando lo elijo por encima de mi voluntad. Cada vez que elijo mi manera de pensar, elijo mi voluntad. Dado que la mente humana, por sí sola es incapaz de distinguir la verdad de la falsedad, la mayoría de las veces elijo la falsedad, debido a que está poco entrenada a elegir el amor, ya que elegir el amor implica estar dispuesto a soltar la propia manera de pensar y de pensar en sí.

En la dinámica del pensar, desprenderse, eligiendo a cada instante el amor, pone de manifiesto uno de los bucles más sutiles y engañosos del ego.

¿Cómo utilizar la propia mente para desprenderme de su estructura mental en la que me tiene prisionero mi ego? He aquí el bucle. ¿Es posible salir de él?

Paradójicamente se necesita haber integrado plenamente la personalidad del yo para luego perderla, es decir, para trascenderla. La personalidad del yo se integra a medida que integro cada emoción negativa que ha sido causa de sufrimiento en la infancia. La más mínima emoción no integrada, siempre reclama atención. Así que cuando es reconocida y aceptada, deja de generar resistencia.

Con las emociones integradas, la personalidad se pacifica y deja de reclamar los déficits emocionales cuando éstos se integran. Entonces, sólo entonces, se puede trascender la propia personalidad entregándola por amor, que quiere decir, perdiéndola. Como en la economía del amor, todo lo que se da y se pierde por amor se gana, adquiero mi auténtica personalidad transformada por el amor.

El dolor que experimento cuando hago pequeñas entregas (= pérdidas) de mi voluntad, es no amor. Cualquier experiencia de malestar, dolor y sufrimiento, me indica que no estoy en el amor, sino a las puertas de entrar en el bucle del ego.

Me esfuerzo por ser yo y no me doy cuenta que si entro en el bucle, entonces no soy, porque soy ego. Elegir el amor frente a cada bucle, significa atravesar el dolor que no es, con el amor que es, porque sólo el amor es. Por lo tanto, me he de grabar profundamente en la mente, en el corazón, en el alma que si sólo el amor es, o elijo el amor y soy amor, o no soy nada.

En este punto tengo que aceptar la paradoja divina que reza: «soy, si no soy; si soy, no soy», bien entendido que soy, si soy amor y que para ser amor tengo que perder toda la estructura mental que creo que soy, pero que no me deja ser.

Para hacer esta experiencia me ayuda entender que el amor del que hablo es el amor incondicional que calibra 540 y más en el Mapa de la Conciencia del Dr. Hawkins. Es el modelo de amor surgido de la Trinidad. El amor que viven las Tres Personas de la Trinidad es y no es al mismo tiempo, porque hasta cuando no es, es porque es amor. Esta es la esencia del amor auténtico, en el que, cuando doy, pierdo mi manera de pensar. Quien experimenta dolor en cada pérdida es el ego porque pierde su estructura mental. En el momento de la pérdida me he de sostener en el SER, que vive la pérdida, el malestar, dolor o sufrimiento como una ganancia porque lo vive con amor y por amor. Por lo tanto, es el no-ser momentáneo de pérdida, malestar, dolor, sufrimiento lo que contiene en sí, la capacidad y la potencia de ser y de hacerme ser, cada vez que elijo dejarme atravesar por el sentimiento de pérdida, sosteniéndome siempre en el amor del SER.

En el amor del SER todo es, porque todo está en Dios. Para alcanzar este amor tengo que estar dispuesto a atravesar los “nadas”, los “vacíos” del ego, que que me impiden ser amor.

La manifestación de estas travesías, las conozco bastante bien. Reconocerlas en cada reacción de mi patrón de conducta es clave para convertirlas en oportunidad de responder. Son regalos del SER que continuamente me pone a prueba. Cada prueba es una invitación del SER a atravesar cada “nada”, cada “no-ser”, para convertirme progresivamente en el único amor que es.

 La voz del silencio

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