LA VOZ DEL SILENCIO

ERES CONCIENCIA DISFRAZADO DE PERSONA EXPERIMENTA LA PRESENCIA DEL SER Y DEL AMOR DE DIOS

Estar presente

A medida que experimento el SER, por pequeña y humilde que sea la experiencia, cada vez es más fuerte la convicción de que no es obra de la mente.

¿Y si no es obra de la mente, como se experimenta el SER?

Es un estado de conciencia luminosa, profundo, insondable que la mente no es capaz ni de producir, ni de medir.

Cuando emerge la conciencia surge la Presencia del divino dentro, que la propia Presencia aprovecha para manifestarse y hacerse presente cuando las condiciones son favorables.

¿Cuando son favorables?

Cuando no hay un ego exacerbado que ahoga todo impulso del SER.

El instante más favorable es cuando el ego-mente calla, cuando deja de parlotear y entra en un estado de silencio.

Sin este estado, los pensamientos, las emociones, las sensaciones inundan la conciencia, se colocan en el primer plano y no dejan espacio a la Presencia.

La necesidad de ocupar todo el espacio interior surge del ego-mente. El ego exacerbado quiere todo el espacio para él, mientras deja la Presencia del SER bajo capas de mentalizaciones.

La silencia con un continuo parloteo mental, en el que, pensamientos, sentimientos y sensaciones, cada uno por su cuenta, lucha por imponer su percepción del mundo, de la vida y de cada situación concreta.

Toda esta actividad mental la podemos reconocer en todo lo que nos preocupa, enyesa, nos quita la paz y nos hace sufrir.

En estos momentos me doy de cómo cuesta silenciar la mente. Reconozco que no estoy entrenado y me pregunto:

¿Es así como quiero reconocer la Presencia en mí?

Entonces me doy cuenta que el ego-mente tiene miedo del silencio; que lo percibe como un vacío y reconozco que temo el silencio porque tengo miedo del vacío. Y continúo:

¿Cómo puedo silenciar el ego-mente si temo el vacío?

Me doy cuenta que tengo poca experiencia de la quietud que se experimenta cuando apaciguo la mente. Reconozco que confundo vacío con quietud.

¿Como experimento quietud?

Reconozco la actividad de la mente.

Con qué se ocupa, qué le preocupa.

Estoy atento a la actividad mental de este instante.

Dejo que desfilen pensamientos, sentimientos, sensaciones.

Que desfilen, que vayan pasando.

Lo miro, respiro y  lo suelto. Tomo conciencia de soltarlos.

Reconozco que yo soy una conciencia capaz de ser consciente de lo que observo y suelto.

Soy consciente que soy una conciencia disfrazada de persona. Mi disfraz de persona es todo lo que conozco de mí.

Si me pregunto ¿”quién soy yo”?

Me vienen respuestas del disfraz que creo que soy. Pero sólo son respuestas del disfraz.

En realidad sólo conozco el disfraz. En realidad no me conozco.

Entre el disfraz de persona que creo ser, y la conciencia profunda que verdaderamente soy, se interponen muchas capas de experiencias dolorosas, creencias, percepciones, posicionamientos.

Todas estas capas son ego-mente.

Puedo hacerme la pregunta ¿Quién soy yo desde el nivel de conciencia del SER?.

En este punto me doy cuenta que el ego-mente identifica la Presencia del SER como el gran desconocido, como el no manifestado embargo, lo percibe y lo interpreta con miedo a no-ser.

Ahora continúo:

¿Como puedo hacer consciente la Presencia en mí, si la identifico con no-ser?

Reconozco en mí la Presencia como un no-ser vacío, porque no tengo experiencia.

Y hago consciente de que este miedo es pura vanidad del ego-mente.

Tomo conciencia de que mientras no tengo experiencia de la Presencia de lo divino y lo identifico como un concepto que no me dice nada o muy poco.

Mientras para mí sólo es un concepto, la Presencia del SER dentro de mí, es una vanidad más del ego-mente, que engorda su preciado programa “yo sé”.

Pero si tomo conciencia de la vanidad de este “yo sé”, puedo empezar a darme cuenta de que este es una de tantas disfraces del ego-mente.

En ese momento puedo darme cuenta de que, como todas las demás disfraces, yo no soy ningún disfraz.

Tomo conciencia de que cada disfraz me separa de la Presencia del SER que soy.

Me doy cuenta que cuando el ego-mente se disfraza de “yo sé”, en realidad tiene más miedo a “no ser” que a “no saber”.

Descubro que el miedo a “no-ser”, es el motor que mueve toda la dinámica mental del ego-mente. Ahora me doy cuenta que tengo la posibilidad de observar el miedo a “no ser” detrás de toda la actividad mental.

Por eso me pregunto:

Muchos los desazones, insatisfacciones, angustias, preocupaciones pequeñas o grandes que experimento al día a día, me informan sobre las carencias de mi ego-mente.

Todas las carencias nacen de un sustrato profundo: el miedo a “no ser”.

Esos esfuerzos, ilusiones, deseos, expectativas pequeñas o grandes del día a día, tratan de llenar la necesidad de ser.

Es muy habitual en la experiencia humana que el espacio entre el “no ser” y la búsqueda por “ser”, se llena de frustraciones. Esto hace que me pregunte:

¿Quien trata de llenar el espacio entre mi “no ser” y el deseo de “ser”?

Detrás de cada frustración, desilusión, fracaso, descubro disfraces del ego-mente. Del mismo modo, tras las experiencias de paz, serenidad, amor, compasión, descubro una conciencia mucho más profunda: la Presencia del SER.

La Voz Del Silencio

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