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HÁBITO SALUDABLE 1.1

En 1992 se publicaron dos extensos y llamativos estudios psicológicos. Uno estaba firmado por Stephen R. Covey, que examinó los hábitos compartidos por las personalidades de más éxito de Estados Unidos y, a partir de millares de datos recopilados, desarrolló una serie de «criterios de la eficacia».’ El segundo estudio fue elaborado por Leonard A. Sagan, que investigó los estilos de vida coincidentes en individuos longevos de distintos grupos sociales y extrajo un compendio de características comunes en las personas con alta esperanza de vida.

EL SENTIDO DEL MOMENTO

A pesar de que el primer estudio tenía por objeto los aspectos psicosociales y el segundo se centraba en lo psicosomático, y que ambos trabajos se habían realizado por separado, los resultados obtenidos registraron unas coincidencias sorprendentes. Pero lo que resultó aún más sorprendente fue que estas conclusiones concordantes se correspondían exactamente con lo que desde hacía tiempo la logoterapia describía con el término «saludable».

A continuación, analizaremos los resultados de ambos estudios. Comenzaremos con una tabla en la que aparecen representados los cinco «hábitos saludables» más importantes en las personas longevas y especialmente eficaces:

Describamos con más detalle estos hábitos.

2. PENSAR MÁS ALLÁ DE UNO MISMO

(A LA VISTA: LO AJENO)

Hemos hablado de desviar la atención de la culpa ajena (poniendo en marcha iniciativas propias). Ello no implica que tengamos que excluir todo lo ajeno de nuestro radio de interés, al contrario. Lo ajeno, definido por Frankl como «aquello que sólo nosotros mismos no somos», es la plenitud del mundo que nuestra existencia humana persigue, de la misma manera que el ojo persigue la plenitud de la luz. Perseguir no en el sentido de pretender o acosar, sino entendido como la superación cariñosa de sí mismo, adentrarse en otro tipo de ser y en sus necesidades.

EJEMPLO

He aquí un breve pero ilustrativo diálogo entre una mujer y su vecina:

MUJER: Mi marido y yo estamos considerando la posibilidad de acoger en casa a una mujer chechena y a su hijo.

VECINA: Ya. ¿Y qué ganáis con eso?

MUJER: Pensamos que la mujer y el hijo ganarán algo…

En este diálogo, la mujer, a diferencia de la vecina, argumenta su discurso «yendo más allá de sí misma». Ve a dos extraños que necesitan ayuda y (por el bien de la madre y el hijo) quiere ofrecerles esa ayuda. Su atención se dirige a valores ajenos y no a culpas ajenas.

Sagan, que estudió las características compartidas por las personas longevas, escribe lo siguiente a este respecto:

A pesar de su elevada autoestima, las personas sanas no son excesivamente indulgentes con ellas mismas y no les interesa exclusivamente su propia persona o su propio bienestar. Más bien se fijan objetivos que van más allá de su propio beneficio. Puede tratarse de objetivos muy elevados o muy modestos, pero lo determinante es que la naturaleza de los mismos no es egoísta, sino que se benefician otras personas. Las personas sanas son compasivas y poseen un marcado espíritu colectivo.

Y Covey, que analizó los hábitos de personalidades exitosas, añade:

•        Las personas exitosas intentan primero comprender y después ser comprendidas.

Quizá la comprensión llega incluso antes de la fijación de objetivos, concretamente la comprensión de las cosas y las personas tal como son, la percepción de su unicidad, el entendimiento de sus valores. Esta interiorización de los valores ajenos actúa sobre nosotros de tres formas distintas:

1. Despierta nuestra voluntad de servir a estos valores, de trabajar por su conservación y realización, de entregarnos a ellos con amor. Y la entrega, mucho más que cualquier otro motivador, como el miedo o la obligación, nos hace creativos. Es casi «más fuerte que la muerte».

Así, la mujer que se siente afectada por el trágico destino de los refugiados chechenos no sólo está dispuesta a aliviar la desesperación de estas víctimas, sino que lo hace de todo corazón, al menos por dos personas atormentadas y a pesar del sacrificio personal que ello le supone.

2. La visión de valores nos aclara la importancia de no agotar nuestros recursos y protegernos del cansancio y la extenuación. Unas fuerzas dormidas no sirven de nada a las personas y valores ajenos. Este hecho nos dirige hacia un estilo de vida razonable.

Por ello, la mujer que abre su casa a los refugiados debe procurar no agotarse. Nada más lejos de su intención que poner a su propia familia al borde de una crisis. Comparte lo que tiene, pero no debe convertirse en una receptora de ayuda social que, al final, suponga una carga para los demás.

3. La visión de los valores libera de la obligación de tener que actuar. Una cosa es limitarse a experimentar alegría por la existencia de estos valores. Pero la sensación de no estar obligados a actuar relaja enormemente, es el «relajante psíquico» por excelencia.

La mujer que acoge bajo su techo a la madre extraña y a su hijo necesitado no lo hace para obtener una satisfacción sustitutoria (por falta de descendencia, por ejemplo). Por ello, esta mujer podrá despedir felizmente a sus «invitados» cuando, llegado el día, deseen volver a su país.

Como vemos, la entrega creativa, el estilo de vida razonable y la sensación de no estar obligados a actuar son tesoros que descubrimos al percibir los valores ajenos pensando más allá de nosotros mismos. ¡No se necesita más para ser felices!

Nunca pagué al padre

todo el amor que me regaló,

pues de niño no conocí el valor del obsequio y de hombre, cual hombre endurecí.

Ahora crío yo a un hijo,

tan amado como ningún otro hijo de padre, y pago lo que antaño recibí

a quien ni me lo dio ni me lo devolverá.

Porque cuando se haga hombre y piense como tal tomará como yo su propio camino,

mientras yo, melancólico pero generoso,

veré cómo regala al nieto lo que yo merecía.

Lejos, en el salón de los tiempos,

dirijo la mirada serena y alegre al juego de la vida, una pelota dorada que todos se pasan sonrientes, una pelota dorada que nadie devuelve.

BÓRRIES VON MÜNCHHAUSEN

Vídeo propiedad de juliancho422
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