LA VOZ DEL SILENCIO

La presencia

"SER" presencia

Me digo a mí mismo:

Estar presente, “SER” la presencia 

Las opciones para hacer un trabajo espiritual, se presentan en instantes fugaces.

Por experiencia sé que se me manifiestan a partir de un hecho,

un comentario inesperado e inoportuno para el ego-mente, un acontecimiento o algo que me frustra un deseo,

una expectativa,

o toca el núcleo del patrón de conducta habituado y recurrente que me desvela una serie de pensamientos, emociones y sensaciones desagradables.

Hasta hace poco, no era consciente de cómo inmediatamente entraba en un bucle de actividad mental del que, a partir de un cierto momento, me era imposible salir de él.

Solían ser, y suelen ser aún, si no estoy muy atento, los patrones de conducta de siempre: miedo, angustia, pensamientos:

“no me tienen en cuenta”,

“sólo sirvo para resolver problemas”,

“me siento triste”,

“solo”,

“a mí quien me valora?” etc.

Siempre ha sido el mismo personaje y lo seguirá siendo.

Mientras no desactive el campo de energía que genera los mismos patrones de conducta recurrentes.

He tomado conciencia de ello.

Quien me acompaña en los últimos años, me ha ayudado a ser consciente de los campos de energía que el ego-mente siempre tiene en constante actividad.

Los campos de energía del ego-mente son como verdaderos campos de minas que explotan al mas mínimo movimiento.

Del mas insignificante estímulo exterior, y de estos campos de energía surgen mis patrones de conducta.

Hasta que no me han ayudado a hacerlos conscientes, he vivido años repitiéndolos una y otra vez.

Sufriendo las consecuencias, lamentándome, pidiendo perdón, para volver a repetirlos a la primera de cambio.

Tantas veces he creído que los había desmantelado, y sin embargo, la realidad no era así.

La energía de estos campos, explotaba  y parecía que se descargaba.

Ahora sé que se trataba de una simple reacción de descarga, pero se volvía a acumular hasta que una próxima chispa hacía estallar la espoleta.

Y así durante años, hasta que he descubierto cómo funciona el ego-mente.

En una de estas explosiones, tomé conciencia de las creencias que sostienen esta dinámica perversa:

Expectativas reclamando seguridad y reconocimiento,

sentido de propiedad camuflada de ideales espirituales.

Y otros sutiles posicionamientos qué parecían nobles y altruistas, hasta que se me dijo claramente y entendí que eran egoísmo puro y duro, revestido de espiritualidad.

Fue un descubrimiento fuerte, doloroso para el ego-mente, y para mi personaje, pero maravillosamente liberador.

La liberación no se produjo de golpe.

Ha sido necesaria una profunda y humilde decisión, sostenida por la oración y la rendición a la guía del Espíritu Santo.

Ahora puedo afirmar por experiencia, que no hay otra camino de liberación para desmantelar el ego-mente.

A partir de esta decisión y rendición, sé que tengo que estar muy atento y concentrado para detectarlo, antes de que reaccione el ego-mente.

La mente humana sólo dispone de una diez milésima de segundo para desactivar la reacción.

Está científicamente comprobado y me lo creo. Sé que es imposible calcular esta diez milésima de segundo para desactivar el ego.

Ahora sé que no hay que hacer ningún cálculo.

Sólo sé que es evidente que sin una firme decisión de querer estar atento, el ego-mente reacciona, por hábito y por ignorancia, en menos de esta diez milésima de segundo.

Me basta reconocer la experiencia.

Es evidente. Y sin embargo, también es evidente que cuando más conozco el ego-mente y el propósito de desmantelarlo, la decisión cada vez es más firme y el milagro es posible.

El milagro surge de esta diez milésima de segundo por obra y gracia del Espíritu Santo que se hace directamente presente y disponible, por la gracia de Dios, y se adelanta al ego-mente.

Aunque parezca imposible, la oración y el compromiso espiritual parecen ser los responsables de favorecer el consentimiento para que la Presencia del SER, bajo la guía y la acción del Espíritu Santo,

“cree un espacio en la progresión de las secuencias temporales para que tenga lugar este instante crítico de conciencia”.

Ciertamente se trata de un instante crítico de conciencia.

Es como una ínfima distracción del ego-mente, en la que el Espíritu Santo abre este espacio en la conciencia y brinda la oportunidad para que actúe el libre albedrío que se nos concede a todos los seres humanos.

De hecho, sin el libre albedrío no es posible la acción del Espíritu Santo, porque Dios no obliga a nadie a elegirlo.

Es cierto que sin libre albedrío, quien ordena las acciones y las decisiones de nuestros patrones de conducta es el ego-mente.

Estoy seguro.

La experiencia me confirma que la acción del libre albedrío depende de un instante de lucidez que no sé improvisa.

Si durante un largo tiempo no me he convencido y no he tomado la voluntad y el compromiso de rendir mi ego-mente a la guía del Espíritu Santo en cada instante en que se manifiesta.

¿Qué hago en este instante?

Aprovecho el espacio que me ofrece el Espíritu Santo para acoger el pensamiento que me martillea la mente, que me sume en tristeza, soledad, auto compasión, o pone en evidencia el sentimiento y la sensación de turno a que el ego-mente vive obsesionado.

Pido guía al Espíritu Santo y sostengo la tristeza,

la soledad,

o lo que sea.

Ahora sé que es fundamental acoger y sostener la sensación desagradable, que instintivamente rechazamos o reprimimos porque es lo que nos hemos habituado a hacer.

Sé que esto implica un juicio, y el juicio es un rechazo oculto.

Por lo tanto, aquel campo de energía negativo que juzgo y rechazo, no se disuelve, sino que durante años se acumula en el inconsciente y se va repitiendo sin agotarse.

Por eso tenemos la experiencia que el cambio o es muy difícil o imposible.

Acoger y sostener la sensación de malestar, me permite conectar con plena conciencia, con el campo de energía de donde surge el sentimiento-sensación y lo experimento.

Conscientemente sostengo la sensación, con la única intención de entregarla.

Y mientras la sostengo, que quiere decir que no la juzgo ni la rechazo, me repito, dirigiéndome al Espíritu Santo: Dejo todo esto en tus manos.

Lo dejo ir todo.

Te lo entrego, te lo entrego, te lo entrego …

En una oración-letanía sentida, que surge del núcleo del campo de energía negativo, de forma que lo vacía, hasta que una paz serena, profunda, humilde, amorosa, apacigua y desplaza lentamente, pensamiento, sentimiento, sensación, ego, mente.

Consciente de qué es el regalo que se esconde detrás de cada diez milésima de segundo durante la que el ego se distrae, agradezco al Espíritu Santo.

Cada regalo oculto, detrás de los instantes de cada diez milésima de segundo en que él se adelanta a mi ego-mente.

Y el Espíritu Santo disuelve verdaderamente, sin ningún esfuerzo, todo lo que el ego-mente nunca ha sido capaz de disolver, a pesar de sus promesas falaces y sus esfuerzos agotadores.

Si te sirve …

La voz del silencio

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