LA VOZ DEL SILENCIO

NUESTRO YO TIENE MIEDO A SUFRIR 2

El sufrimiento está siempre presente. El ego humano lo genera en cada situación, evento, relación, emocionalidad, reactividad; se experimenta en cada pulsión que surge del fondo del inconsciente colectivo y personal. Hay que reconocer que todas las pulsiones son reminiscencias de reactividades animales, que se manifiestan a través del propio patrón de conducta.

Gestionar estas reactividades es imprescindible para que el ego no bloquee el camino espiritual.

Reconocer que el sufrimiento está siempre presente, es el primer acto de responsabilidad para reconocer que sólo lo podemos asumir y transformar con la gracia de Jesús abandonado.

“Jesús abandonado está siempre presente. Está allí donde todo desaparece. Está en los imprevistos, en las calumnias, en las traiciones, en las maldiciones, en el no amor, en la tiniebla.

Jesús Abandonado es la “margarita” preciosa. Quien la encuentra, ha encontrado el Paraíso: ya desde aquí abajo.

Jesús abandonado abrazado, apretado a uno mismo, querido como el único todo exclusivo, consumado en uno con nosotros, consumados en uno con Él, el Dolor como Él Dolor: he aquí todo. He aquí como se llega a ser Dios, el Amor”. (Chiara Lubich)

Hay que tener presentes y diferenciados estos dos seres nuestros: el SER y el no ser. (El SER es Dios dentro de nosotros, el no ser es ego).

“Es bonito vivir Jesús abandonado en cada instante presente y llamarle por su nombre. He observado que Jesús abandonado es todo:

  • Es todos los dolores,
  • Es todos los amores,
  • Es todas las virtudes,
  • Es todas las realidades. (Jesús abandonado “es todo lo que es”)

Por ejemplo: Jesús Abandonado es el mudo, el sordo, el ciego, el hambriento, el cansado, el desesperado, el traicionado, el fracasado, el miedoso, el sediento, el tímido, el loco y todos los vicios. La tiniebla, la melancolía …

Es la audacia, es la Fe, el Amor, la Vida, la Luz, la Paz, el Gozo, la Unidad, la Sabiduría, el Espíritu Santo, la Madre, el Padre, el Hermano, el Esposo, el Todo, la nada, el afecto, el afecto, el descuido, el sueño, la vigilia, etc., etc. Es todas las cosas más opuestas; principio y fin: lo infinitamente grande y pequeño … Y observa que nunca es igual.

Jesús y el Espíritu Santo son siempre uno. Si abrazamos Jesús abandonado, tenemos el Espíritu Santo.

Para ser Jesús abandonado vivo, hay que vivir permanentemente fuera de sí: con locura, con una grandísima intensidad “. (Chiara Lubich. Paraíso del ’49)

Vivir la vida, con todos los embates y trabas que el propio ego continuamente nos pone por delante, se hace doloroso. Jesús Abandonado es la clave para salir adelante en el camino espiritual. Pero para ello hay que pasar a través de los momentos cotidianos en los que nuestro ego nos pone resistencias. La principal resistencia es la que nos ponemos nosotros mismos juzgándonos, no reconociendo la propia vida, no aceptando que con la mente no lo conseguimos. Por eso hay que asumir que la vida es algo que tiene lugar y se manifiesta a cada instante. En este momento está teniendo lugar la vida y se manifiesta a través de todo lo que estás experimentando en cada instante, en este preciso instante. Si estás bien, si estás mal, si sufres o eres feliz. Esto es lo que está sucediendo ahora, en este instante a través de tu vida. Todas estas manifestaciones que expresan, emergen en ti, surgen de tu vida, forman parte de la vida.

Rechazarlas o juzgarte o castigarte por lo que estás experimentando (p.e: miedo, culpa, ira, tristeza, desánimo, angustia, malestar, etc.), sea lo que sea que estás experimentando, es absolutamente inútil y absolutamente contra producente.

Si de verdad buscas un cambio, si buscas transformar tu vida, si buscas evolucionar espiritualmente, si buscas descubrir tu SER, antes que nada, acoge la vida, acoge tu naturaleza humana que percibes a cada instante, tal como se te manifiesta, con el bien y el mal, con el sufrimiento o el disfrute, con este no estuvo bien, con este no sentirte a la altura del SER, con este sentimiento de impotencia, de debilidad, con tus limitaciones, con todas las sensaciones. No es cuestión de rechazarlas, juzgarte, juzgar, exigirte, castigarte, culparte. Acógete con todas tus equivocaciones, errores, porque rechazándote únicamente consigues alimentar, reforzar todas estas sensaciones negativas.

Acoge, acoge todo esto. Haz paz con tu vida, con tu naturaleza humana, con tus limitaciones humanas. Reconcíliate con toda esta parte que te hace sufrir. Aprenderás tantas cosas buenas reconciliándote contigo mismo.

La primera cosa que aprenderás es la paz. La paz no es algo que se ejercita, que se busca a través de una forma de pensamiento. La paz es una experiencia que se hace cada vez que te reconcilias con tu naturaleza humana, con tu vida.

Haz paz contigo mismo. Acógete tal como eres, Acéptate tal como eres. No hay nada equivocado en tu vida, a pesar de lo que te pesa, a pesar del sentimiento de culpa. Todo lo que estás viviendo pasará, porque todas las cosas están destinadas a pasar. Todo es transitorio.

No empeores la vida, juzgándola. Acéptate, acepta la vida, acepta tu vida tal como es ahora en este instante. La historia que estás viviendo ahora, que te está atravesando, que está sucediendo en tu vida te traerá respuestas, que quizás hoy no las puedes tener. Ten la seguridad de que aceptando tu humanidad ahora, te llegará la respuesta que el SER te tiene preparada. Será la mejor respuesta, porque no te llegará del ego, sino de tu SER. Ábrete a las respuestas que te llegarán aceptando, primero, que ahora no hay respuesta, aceptando que ahora tu vida es así. Puedes sentir como esta actitud, este movimiento de reconciliación contigo, te produce paz.

Acepta, acéptate, así como eres. Acepta la acción del SER, que no actúa desde la mente, porque nunca podrás sentir el SER mentalmente, ni podrás producirlo con la mente.

Tú eres mucho más que cualquier nombre, juicio, dificultad, limitación humana que experimentas. Es la mente la que te desconecta continuamente de la identidad del SER que eres. Esta desconexión te separa de ti mismo, del mundo, del SER, de DIOS, de su AMOR. Quizás ni siquiera eres consciente de esta desconexión. Reconoce y acoge esta desconexión de tu SER.

Permite que tu SER te reconecte con él. Permite que tu SER haga todo el trabajo por ti.

Confía en DIOS y abandónate a Él. Agárrate fuerte al amor a Jesús abandonado, que Él entiende sobre sufrimientos humanos y ha hecho la experiencia sobre cómo atravesarlos. Reconoce que no te fías suficiente y entrégale tu miedo y desconfianza. Permite que la experiencia de ir atravesando cualquier sufrimiento, incremente tu amor a Jesús abandonado. Sólo atravesando con Él y por amor a Él todo sufrimiento, te encontrarás, con sorpresa, con Jesús Resucitado.

La voz del silencio

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