LA VOZ DEL SILENCIO

NUESTRO YO TIENE MIEDO AL SUFRIMIENTO 1

Pero el sufrimiento, de una manera u otra, con intensidades diversas, siempre está presente.

¿Hay algún poder superior al sufrimientos que también siempre está presente? Sí

El AMOR de un Dios que se ha hecho como tú y como yo para decirnos: “He asumido el máximo sufrimiento, el dolor más profundo producido por la pérdida infinita que supone experimentar, como hombre, el abandono de mi Padre (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado”?) y por amor a mi Padre, lo he perdido todo, todo, todo, hasta la propia vida.

Este AMOR está siempre presente.

Está siempre a disposición. El culmen de este AMOR INFINITO, Hawkins lo llama la Presencia Divina Infinita dentro de nosotros, y lo identifica como Espíritu Santo. Jesús llama esta Presencia, el REINO DE DIOS DENTRO.

La experiencia que es posible asumir todas las pérdidas, Jesús la ha hecho experimentando la pérdida de todas las pérdidas: el abandono del Padre. Él ha reconocido, ha asumido y ha experimentado este abandono. Ha experimentado y ha atravesado el “punto” que lo ha convertido en Jesús abandonado del Padre. Y abandonándose de nuevo al Amor del Padre, ha purificado el Amor de todo apego.

Quien quiera seguir avanzando en el camino de evolución espiritual, debe purificar el Amor de todo apego. De una manera maravillosa lo expresó Chiara Lubich, fruto de su propia experiencia de camino espiritual, diciendo:

“El Amor se debe destilar hasta convertirse en sólo Espíritu Santo. Se lo destila pasando a través de Jesús Abandonado. Jesús Abandonado es la nada, es el punto y para atravesar el punto (= El Amor reducido al extremo, habiéndolo dado todo) sólo pasa la Simplicidad que es Dios: el Amor. Sólo el Amor penetra”.

Este Amor me lleva a mirar hacia dentro de mí, no para centrarme en mí, sino para soltar toda la actividad de mi patrón de conducta, y así purificar el Amor. ¡Cuánto ejercicio debo hacer de este Amor hasta purificarlo de todo apego¡, de forma que reduzca mi yo completamente a nada. Esto me permite comprender que me convierto en nada a base de perder, perder, perder, hasta perder completamente mi ego.

El ego no está dispuesto a perder ninguno de sus posicionamientos. Me lo hace saber cada vez que las reactividades de mi patrón de conducta, ponen en evidencia mis apegos.

El ego me secuestra la mente con la actividad mental, que no para, para escenificar en ella, mediante pensamientos, emociones y sensaciones, todo tipo de miedos, desengaños, fantasías, historias, angustias, preocupaciones, inquietudes, necesidad de control.

He aprendido que “los pensamientos, sólo son pensamientos y, aunque me sorprenda, son totalmente prescindibles, porque son un impedimento para la evolución espiritual” (Hawkins).

Me ayuda mucho reconocer cada pensamiento, emoción, sensación que el ego activa en el escenario de la mente. Apenas los reconozco, me digo que puedo prescindir de ellos.

A medida que prescindo y los entrego a Dios, toda la actividad mental y el escenario del ego se queda apaga, se queda sin historia y sin protagonista y me invade una profunda paz.

¿Con qué objetivo?

Estar en la Verdad, porque sólo cuando se está en la Verdad se tiene el Espíritu Santo. “Todo ello para la gloria de Dios. Pero es a base de perder, perder, perder, a fuerza de amar a Jesús abandonado, que se llega a tener sólo el Espíritu Santo “. (Ch. Lubich)

Cuando existe esta disposición, el Espíritu Santo guía, sostiene, ilumina y da fortaleza para afrontar la pérdida de los propios apegos.

“Porque de eso se trata: perder, perder, perder todos los posicionamientos del ego mediante los cuales da energía al propio patrón de conducta.”

Quien se siente motivado a hacer este camino espiritual, debe estar seguro de buscar sólo la Verdad. “Esta es una Verdad. Supone un crecimiento en el Amor hasta que sólo se tiene el Espíritu Santo. Se debe silenciar todo en nosotros para descubrir en nosotros Su Voz.

Y hay que extraer esta Voz como se extrae un diamante del barro: pulirla, visualizarla y darla en el tiempo oportuno, porque es Amor y el Amor se debe dar “. (Ch Lubich)

El miedo del ego a perder sus posicionamientos, en realidad es miedo a perder los apegos que siempre hemos creído que nos dan la seguridad y el amor que no nos da el ego.

Sólo la confianza en un Amor más grande que el amor y las seguridades del ego, da la fortaleza necesaria para soltar los propios apegos.

Soltar significa entregar a Dios toda la actividad del ego. Entregar significa disposición a atravesar el “punto”. ¿Cuál? El de un Amor dispuesto a perderse, a darse y dar todo.

Parece difícil, ¿verdad?

La Simplicidad de este Amor es tan atractiva, que sólo hay que abandonarse a ella cada día, cada instante y dejar en sus manos el control de la propia vida, hasta ahora depositado en manos del ego. Cuán cierto es este cambio.

La voz del silencio

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