LA VOZ DEL SILENCIO

10 TEN COMPASIÓN DE MÍ

En el episodio evangélico del ciego que se encuentra con Jesús, el ciego le hace esta súplica: «Jesús, ten compasión de mí».

Es una súplica humilde, honesta, confiada que espera una respuesta. Desde una conciencia más profunda, ¿cómo la entiendo, actualmente, a partir del trabajo espiritual de quien se lo plantea de verdad?

Me surge esta intuición-meditación:

Pedir a Dios, pedir al Cielo que se «compadezca de mí», es una súplica que no puede surgir del ego-mente. Me parece imposible. El ego-mente es incapaz de pedir al SER, a Dios que se compadezca de él, porque el ego humano cree que no necesita que nada ni nadie le tenga compasión. Se cree orgullosamente autosuficiente.

¿De dónde surge, pues, esta oración?

Sólo puede salir del fondo del propio SER. Pero, dado que el SER es Completo, dado que la Presencia de DIOS es completa por naturaleza, mi SER (DIOS en mi) no necesita ser compadecido, ni puede compadecerse a sí mismo.

Entonces sólo existe la posibilidad de que sea el inmenso Amor de Dios, quien interceda a favor de mi pobre ego humano, incapaz, por su propia naturaleza, de pedir «ten compasión de mí «.

La plegaria, ahora es coherente. Esta conciencia me sitúa en el SER y entiendo que sólo desde el SER puedo pedir que se «compadezca de la ceguera de mi ego-mente».

Sólo desde el SER se puedo implorar que la Luz del Amor de DIOS, diluya las sombras y la oscuridad de mi ego-mente. Es esta luz la que me permite tomar conciencia de que todo lo que pido, tiene el poder de Dios, si lo pido en nombre del SER.

Jesús me lo recuerda:

«Todo lo que pidas al Padre en mi nombre, cree que ya lo tiene y se te dará».

Esto significa pedir en nombre de la Conciencia Divina, que es la Presencia de Dios. Sólo DIOS-SER tiene el poder de compadecerse de la pobre y baja conciencia de mi pobre ego-mente.

Me surge la pregunta:

Entonces ¿qué es la auto compasión?

Es la compasión del ego-mente por sí mismo, sinónimo de auto indulgencia. Ambos términos son estrategias del ego-mente, y como tales, no contribuyen al progreso espiritual, al contrario, lo hacen entrar en el bucle narcisista, manipulador, victimista, egoísta del ego-mente, que bloquea cualquier posibilidad de evolución espiritual.

Como confío progresar espiritualmente, ahora soy consciente de que cada vez que imploro: «ten compasión de mí», es Dios Amor quien me concede la gracia de discernir la más mínima reacción del ego; es el Amor de Dios quien activa la voluntad de sostener el sufrimiento que genera el ego, y quien me da la fortaleza de entregarle todo lo que el ego desequilibra, y es Dios amor quien, poco a poco me devuelve la paz y me regresa al verdadero amor.

La voz del silencio.

 

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