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TRASCENDER LA MENTE

INTRODUCCIÓN:

En el proceso de trascender los niveles de conciencia, las elecciones y opciones tienden a presentarse en nuestra experiencia como aparentes opuestos o dualidades en conflicto. Estas se experimentan como aversiones o atracciones que pueden parecer difíciles de disolver a menos que se desmonten. La atracción implica un PLACER subrepticio o declarado, y la AVERSIÓN expresa expectativas de desagrado o incomodidad. El sentido moralista del deber, en la forma de los “tendría que” y los “debería”, complica las elecciones y es posible que nos resistamos a ellas porque conllevan una culpa sutil o porque nos tienta la evitación. Por tanto, lo mejor es EVITAR todas las SUPOSICIONES y los “DEBERÍA”. Una cualidad primaria de la evolución espiritual es la libertad. Las oportunidades de cambiar pueden considerarse INVITACIONES en lugar de obligaciones morales, y en realidad dichas oportunidades ofrecen mayores grados de libertad y felicidad interna. No obstante, uno es libre en todo momento de mantenerlas en suspensión y, más adelante, en otro contexto, la opción o la decisión puede venir de manera más natural.

Los aparentes obstáculos que se presentan a lo largo del camino tienen dos componentes:

  • 1: La recompensa aparentemente atractiva de placer.
  • 2: El miedo a su alternativa (por ejemplo, la falta de placer).

Muchas de estas polaridades en conflicto son innatas a la “naturaleza humana” y han sido heredadas junto con la propia vida humana en el curso de la evolución. Cabe esperar que dichas polaridades sean los umbrales que cualquiera que busque los estados superiores de conciencia ha de cruzar. Cuando se experimentan, no son tan formidables como podrían parecer inicialmente, y tener éxito incluso con unas pocas de ellas genera confianza y expectativas realistas de alcanzar un éxito todavía mayor a medida que uno progresa. Los elementos clave son discernir los componentes específicos del conflicto y sacar provecho de la Voluntad Espiritual, que es sorprendentemente poderosa (calibra en 850) e interviene cuando uno pide ayuda a Dios y está dispuesto a renunciar a la recompensa y a dejar de resistirse a la supuesta aversión.

Las dualidades en conflicto más comunes pueden agruparse de manera general por similitudes, e incluso pueden considerarse conjuntamente y resolverse de una vez.

Las dualidades anteriores resultan familiares a todo el mundo, puesto que generalmente se aplican a casi cualquier tarea de crecer o evolucionar espiritualmente. Aunque los conflictos puedan parecer imposibles de resolver, su solución puede ser muy simple si nos adherimos estrictamente a las herramientas probadas del procesamiento espiritual: por ejemplo, estar dispuesto a rendirse a Dios a gran profundidad y a soltar las resistencias invocando el poder de la Voluntad Espiritual (que calibra en 850), después de solicitar la ayuda Divina. Uno puede pedir ayuda al Espíritu Santo admitiendo que “YO” (EL EGO) “SOY INCAPAZ DE DAR ESTE PASO SOLO”. A nivel operativo, en realidad esto es una petición de comprender y contextualizar la situación de manera diferente, disolviendo así las aparentes paradojas.

La voluntad personal solo opera a la altura del nivel de conciencia calibrado de la persona en un momento dado de su evolución y, por tanto, a menudo es demasiado débil para realizar el cambio deseado. Los anteriores esfuerzos por cambiar mediante los mecanismos del ego pueden generar dudas, falta de confianza en uno mismo, y la negativa a afrontar los problemas a causa del derrotismo. Esto suele expresarse en la declaración “yo lo intenté”, que en realidad es una descripción precisa: es el pequeño “yo” quien lo ha intentado, a menudo más desde el deseo que con decisión.

Las buenas intenciones fracasan por la falta de “fuerza de voluntad” personal, y esto a menudo se interpreta desde la moralidad para evocar aún más culpa y autoacusaciones. En realidad, no puede producirse una verdadera y profunda rendición a Dios sin renunciara la ilusión de la “VOLUNTAD PERSONAL” y reemplazarla por una decisión asertiva. En la vida cotidiana, el éxito es consecuencia de la dedicación, la persistencia y la perseverancia. Puede parecer que esto representa un sacrificio personal de los placeres a corto plazo a cambio de objetivos a largo plazo. Cuando se realiza trabajo espiritual, estos mismos atributos de dedicación y perseverancia pueden aparecer no como consciencia de la volición personal, sino como regalos del Ser y como la respuesta de la Presencia de Dios dentro de nosotros.

Una gran resistencia del ego es el deseo de CONTROLAR y de DERIVAR PLACER de las cosas que le gustan. Así, el ego genera resistencias en forma de MIEDOS, incluyendo expectativas de incomodidad, pérdidas a causa del cambio o temor al fracaso. Estos miedos representan el orgullo espiritual, que también tiene que ser entregado. Es vanidad y egoísmo suponer que la Divinidad se siente contenta, descontenta o decepcionada ante las inclinaciones y fragilidades humanas. Por lo tanto, la rendición profunda impide que programemos a Dios con nuestras suposiciones, y mediante la aceptación nos lleva a rendirnos al hecho de que “LO QUE SEA YA SONARÁ”, que es una posición más humilde. La resolución de estos conflictos también es el resultado de la intención, del grado de alineamiento, de renunciar a los condicionamientos y de la influencia de las propensiones kármicas.

Los valores egoístas encuentran una amplia aceptación social y múltiples premios. Además, se entiende que dichos premios son la consecuencia lógica del esfuerzo y del hacer. Cuando se renuncia a las ganancias o pérdidas esperadas, las posibilidades kármicas se realizan por asentimiento, y son la consecuencia automática de aquello en lo que la persona se ha convertido, y no de lo que tiene o hace.

A medida que evolucionamos, lo que el mundo valora puede considerarse un engorro, y lo que el mundo considera una pérdida puede considerarse una ganancia o libertad espiritual. La paz interna es el resultado de entregar tanto las atracciones como las aversiones. Los valores percibidos son fundamentalmente proyecciones de “DESEOS” Y “AVERSIONES”. CUANTO MENOS “DESEOS” HAYA, TANTO MAYOR SERÁ LA FACILIDAD Y LA SATISFACCIÓN EN LA VIDA. Custodiar responsablemente los propios activos y dones es ser ÍNTEGRO. Por lo tanto, evitar la riqueza o denigrarla ostensiblemente son actitudes tan falaces como el deseo impetuoso. La pobreza pretenciosa también puede ser una forma de ostentación y orgullo espiritual. El verdadero ascetismo es simplemente un asunto de economía de esfuerzos. Lo significativo no son las posesiones mismas sino su presunta importancia y el valor proyectado en ellas. Por lo tanto, es recomendable “VESTIR EL MUNDO COMO UNA PRENDA HOLGADA”. La riqueza, en y por sí misma, no tiene verdadera importancia, puesto que LA CAPACIDAD DE SER FELIZ POR DENTRO NO DEPENDE DE FACTORES EXTERNOS UNA VEZ SATISFECHAS LAS NECESIDADES FÍSICAS BÁSICAS.

Las cosas que el ego encuentra atractivas se ven reforzadas por los valores sociales, la programación cultural y los sistemas de recompensas inflados por los medios. Estos valores también son el contenido de fantasías y sueños, y del romanticismo, y exhiben una gran variedad dentro de las subculturas.

Para encontrar significado hay que mirar más allá de la percepción y la apariencia y discernir LA ESENCIA. Como dijo Sócrates, todo el mundo elige lo que percibe como “bueno”. El problema es discernir entre apariencia y esencia a fin de ser capaz de diferenciar lo “verdaderamente” bueno de sus sustitutos ilusorios. Aparte de los requisitos básicos para la supervivencia física y para estar cómodo, la DESEABILIDAD es un valor proyectado.

Cuando se discierne la esencia, todo lo que existe está dotado de una belleza innata, y su “VALOR” reside en ser una expresión de la evolución de la Creación, que expresa el tránsito de lo inmanifestado a la manifestación. Por lo tanto, TODO LO QUE EXISTE ES INTRÍNSECAMENTE VALIOSO COMO CONSECUENCIA DE LA DIVINA FUENTE DE LA EXISTENCIA MISMA, QUE RESIDE DENTRO DE LO NO LINEAL Y, POR TANTO, ES INVISIBLE PARA NUESTROS MECANISMOS DE PERCEPCIÓN DADAS SUS LIMITACIONES INHERENTES.

RESUMEN

La evolución espiritual es una consecuencia automática de observar la mente y sus inclinaciones como un “ello”, desde el punto de vista general del paradigma del contexto, más que desde el contenido. En lugar de intentar forzar el cambio, solo se necesita permitir que lo haga la Divinidad mediante una profunda entrega de todo control, resistencia y de la ilusión de ganar o perder. No es”necesario destruir ni atacar las ilusiones, basta con permitir que se caigan. No es necesario ni fructífero usar la fuerza con mecanismos como la culpa, y tampoco es necesario intentar perseguir o impulsar la evolución espiritual, porque se produce automáticamente por su cuenta cuando se entregan los obstáculos y la resistencia de las ilusiones. El poder de la Verdad misma es una cualidad del Amor Divino que, en su infinita misericordia, disuelve los posicionamientos devolviéndolos a la Realidad del Ser. También es necesario aceptar que el momento en el que suceden las cosas depende del Ser, y no del yo personal, porque solo el Ser es capaz de incorporar cualidades kármicas desconocidas.

El campo infinito y no lineal de la conciencia no solo es omnipresente y omnisciente, sino también omnipotente. Aquello en lo que uno se ha convertido gravita automáticamente hacia su nivel concordante dentro del campo general, tal como un corcho se eleva en el agua como consecuencia de su interacción con la gravedad y la densidad del agua. El espíritu se eleva como consecuencia de la cualidad de eso que ha llegado a ser mediante el libre consentimiento de su voluntad. La compasión por el yo personal es un atributo del Ser. La última gran resistencia que se entrega es la resistencia al Amor de Dios omnipresente.

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